La música es mi religión y tocar en directo es como mi iglesia. Supongo que eso me convierte en un predicador de la palabra de Dios.
Pues si lo dice Slim Cessna, cualquiera se atreve a llevarle la contraria. Dos predicadores, el propio Cessna y Jay Munly, que en pleno éxtasis psicótico se afanan en educar al público que les atiende, proselitismo de Biblia y desierto, de hillbilly y punk, de country y sonidos góticos. Interpelándose mutuamente como pimpinelas descarriadas que se agarran a sus santas escrituras para aborrecerse y perdonarse, para correr entre el público rezando para ser tocados como iconos salvadores, como nuevos becerros de oro. (...)
Pues si lo dice Slim Cessna, cualquiera se atreve a llevarle la contraria. Dos predicadores, el propio Cessna y Jay Munly, que en pleno éxtasis psicótico se afanan en educar al público que les atiende, proselitismo de Biblia y desierto, de hillbilly y punk, de country y sonidos góticos. Interpelándose mutuamente como pimpinelas descarriadas que se agarran a sus santas escrituras para aborrecerse y perdonarse, para correr entre el público rezando para ser tocados como iconos salvadores, como nuevos becerros de oro. (...)


