
A ver, caminar por senderos abstrusos, áridos, conceptualmente restringidos a una serie de señales viales propias de su sonido, nunca significó para Arizona Baby el quedarse enclaustrados en los estrechos márgenes de un género. Su visión de un folk rugoso, trotón, con alma de desierto y resto de arena en la comisura de los labios no fue óbice en su caso para dar un salto que no muchos consiguen. (...)



