
La magia tiene sus propios vericuetos en los que aparecer, ella, tan altiva y compleja, tan cercana y a la vez inaprensible. Puedes esperarla un momento, un día o una vida, y puedes encontrarla o pasar ese momento, día o vida como el que busca eternamente a Godot. Y aún así, nunca será tiempo perdido. Porque el propio poder de la magia reside en su capacidad de jugar con uno mismo, de presionar la tecla particular y personalísima y hundirte en la más embriagadora de las sensaciones.(...)

