
Habremos de aceptar que esto de las fiestas populares no es para gente de pequeña barcaza como la que surcamos este Río. Las aglomeraciones nos acongojan, tan amorfas y desnortadas, y un acto como la Aste Nagusia de Bilbao pasaría absolutamente desapercibido para nosotros si no fuera por los pequeños rincones musicales. Que aún y todo, siempre estarán lejos de los fastos oficiales programados. Hablando de éstos, tal vez habría que dilucidar cuál es el papel que la música desempeña para nuestros próceres, aunque vistas las pintas que gasta el consistorio, no quedan muchas dudas. (...)
