
Confesión: uno, cada vez empieza a sentirse más a gusto en este cementerio de elefantes en que pareciera que se va convirtiendo el Río. O tal vez sea el rock’n’roll el que alimenta ese cementerio. Pasan los años, y los cadáveres nos rodean, y cuando no, al menos los viejos elefantes se van acercando a su última morada. (...)