
Han pasado treinta minutos llenos de espasmos guitarreros y tensión, cuando comienza el lento serpentear de unos Círculos concéntricos capaces de ir envolviéndote irremediablemente, apasionadamente, de ir creando un manto que a la vez deviene en mundo interior, en el que poder esconderse, solo dos, tú y yo, abrigados por un crecer de guitarras y teclados que adormecen entre aires psicodélicos. (...)

