
Aún siendo de Bilbao, he vivido mucho más tiempo fuera del botxo que entre estas cuatro paredes. En Madrid crecí desde pequeño, pasé mi juventud y me empapé de todo lo que ocurría durante aquellos locos 80. Posteriormente, Valencia, Sudamérica y de nuevo un Madrid completamente distinto fueron mis destinos. Hasta que hace unos años, sabiendo que la cabra tira al monte, me asenté por fin en Bilbao, donde recuperé familia y vieja gente, conocí a otra nueva y empecé a compartir mi vida con Ella. Vamos, una historia como hay miles y sin mayor interés más que el que a mí me reporta.
Eso sí, allá donde iba, lo primero era descubrir en qué garitos se cocinaban guitarras, se saboreaban grupos en directo y se degustaba buena música. Recuerdo la ilusión que me hacía descubrir una incipiente escena rock en el Paraguay del primer lustro de los 90, tan amateur y emocionalmente activa que me recordaba el paso de los 70 a los 80 en Madrid. (...)