
Contaba mi abuelo viejas historias sobre seres prodigiosos que habitaban las tierras costeras y del interior de Escocia. Seres que habían partido mucho tiempo atrás en busca del santo grial de la melodía, preñada de belleza, nostalgia y evocación. Seres que habían osado aventurarse por otras tierras, habían tomado el hilo de otras investigaciones similares, habían conseguido empaparse de la esencia de las mismas, y habían decidido plasmarlo todo en lo que en su época llamaban canciones. Crearon una hermandad a la que dieron el nombre de Teenage Fanclub, y a través de ella, continuaron su búsqueda de la felicidad por entre la belleza. (...)