De las muchas almas que tiene el Río Rojo, ultimamente la más popera está de lo más inflada. Pero creo que hay una explicación para todo esto. La música, como tantas otras cosas, acompaña el discurrir de la vida, para bien y/o para mal. Y generalmente va al compás de los estados de ánimo personales. Y éstos, casi siempre, bailan al ritmo del tiempo meteorológico. Y claro, primaverilla al canto que hemos iniciado. (...)