
La caverna, lejos de otros significados mediáticos, tiene un especial panteón en la historia del pop y el rock. No sólo por lo que supuso la sala de Liverpool donde comenzaron su conquista del mundo los cuatro fantásticos. También porque los sonidos cavernosos han sido santo y seña del rock más primitivo, aquél que enlaza con nuestros instintos más animales, es decir, su pura esencia. (...)