lunes, 5 de marzo de 2012

Bruce Springsteen
Wrecking Ball (Columbia Records, 2012)
Matar al padre?


Matar al padre. O perdonarle incluso los devaneos fuera de nuestra relación, aquéllos que no podemos comprender o aceptar, pero que pasan a un segundo plano ante los sentimientos. Para los que consideramos la música como parte de nosotros mismos, de nuestro proceso de maduración, parte de esa fijación identitaria que ha hecho de nosotros lo que somos (o al menos lo que nosotros creemos que somos, que muchas veces nuestra imagen distorsiona comparada con la realidad), hablar de nuestros padres musicales no deja de ser un proceso doloroso.


Nos acercamos a sus nuevos discos con un miedo atávico, y a la vez, llenos de esperanza y emoción. Porque no podemos olvidar que si nosotros cada día somos más viejos, ellos lo son aún más. Y no nos engañemos, la vejez trae consigo una serie de acomodos sociales o vitales que antes ni nos plateábamos. Donde antes teníamos únicamente energía desbordada, imposible de contener, ahora tenemos remansos que, en muchas ocasiones, derivan en simples pozos de agua estancada.

Hace tiempo, acercarme a un nuevo disco de Bruce Springsteen se estaba convirtiendo en un estado de ansiedad. Obras como sus dos primeros discos, Born to run, Darkness on the edge of town, The River o Nebraska son tan parte de mí, de mi forma de ser o reaccionar ante la vida, que a veces me causa desesperanza saber que tales cimas compositivas y energéticas no volverán. Fueron producto de una edad, de unas hormonas, de unas necesidades y frustraciones vitales que difícilmente vuelvan a conjugarse de la misma manera. Pero también yo voy acercándome cada día a una edad más que madura, y he aprendido a tomar distancia, a aceptar las cosas como vienen. Ya no soy fan de nadie (miento, de Ella sí). Mantengo una distancia prudencial, y aunque la música sigue formando parte intrínseca de lo que soy, ya no creo que llegue el disco que cambie mi manera de ver las cosas, que me lave de arriba abajo. Si es de un joven, un hijo, por esa resistencia natural marcada por la diferencia de edad. Si es de un viejo, un padre, porque sabemos que, bueno o malo, ya lo hemos dicho o hecho. Y si es de un coetáneo, un hermano, porque, hermano, ya no estamos para cambios viendo los cincuenta cada vez más cerca.

Ojo, cuando renació el Río Rojo, en su etapa Redux, me planteé que no iba a hablar de discos que no me gustaran, que no me dijeran nada. Sé que la crítica negativa atrae muchas más visitas que la positiva, porque niños o adultos, el morbo nos apasiona. Así que si ahora estoy tratando de plasmar unas torpes letras sobre Wrecking Ball, el nuevo disco de Springsteen, es porque me gusta. Al menos en parte. No va a cambiar mi vida (ya lo hizo), ni va a hacer que le vea con otros ojos (ya tengo fijado lo que pienso de él). Pero me va a contar cómo está hoy mismo, cómo siente, cómo piensa, cómo escucha y cómo canta, y siempre, siempre es un placer tener una charla así con tu padre.

Y cantar, lo que se dice cantar, lo hace como hacía tiempo no le oía. La voz que atesora en la mayoría de las canciones es la mejor desde hace tiempo. Y me encanta escucharle cómo me canta.

Y contarme cómo se siente hoy, lo hace. A veces de manera más ambigua, We take care of our own (que adquiere sentido en el conjunto del disco, si no me cuido, nadie lo va a hacer), y otras más directa, Jack of all trades (tan directa como para decir "…if I had me a gun, I’d find the bastards and shoot’em on sight…"). Porque vale que es un padre vejete, que vive en su mansión de la colina rodeado de sus millones y su cohorte de aduladores, pero está cabreado, y ni sus millones ni sus aduladores son quienes para decirle que por ello no puede hablar. Le comprendo, porque vivimos en tiempos en que eso mismo me lo restriegan a cada minuto por la cara. Cuando tengo trabajo, no puedo gritar, porque soy de los afortunados que siguen cobrando. Cuando no lo tengo, no puedo gritar porque el estado me da sus dádivas, sus subvenciones, su clemencia, como si yo no hubiera trabajado casi 30 años para tener ese derecho. Cuando no queden sus dádivas, pues tío, lárgate a Laponia o muérete, pero deja de joder, que nosotros, políticos, banqueros y demás cucarachas queremos disfrutar de las nuestras.
Que es millonario, vale, pero que nadie me diga quien tiene derecho a gritar o no, porque ese es el fascismo de nuevo cuño que nos quieren imponer. Que ahora está cabreado con el presidente negro al que apoyó, pues hombre, es lo mínimo, porque sería negro, joven, majo y guapo, pero es un cobarde, como los demás. Como lo soy yo o lo eres tú, por otro lado.

Y darme su música, no la de antes, que ya no volverá, sino la de ahora, me la da. La fuerza de Schackled and Drawn, rememorando las Seeger Sessions, el folk sentido y ofendido de Jack of all trades, la potencia descomunal de Wrecking Ball, sí, una piedra de demolición de la que aún extraigo energía a borbotones, la emoción soul de You’ve got it, porque muchas veces he usado esa expresión, o lo tienes o no lo tienes, y esta canción lo tiene, o los cantos de esperanza, estilo a sus clásicos en Land of hope and dreams o a los otros padres más clásicos aún en la vitalista We are alive.

Y aquí es donde le digo, no, viejo, no puedo estar de acuerdo contigo, siempre buscas el rayo de luz, de esperanza, siempre dices que los tiempos duros se van igual que han venido, pero yo, lo siento, yo no veo esa esperanza por ningún lado, creo que este mundo se ha jodido del todo, y ahora sí que no hay salida.

Así que termino la charla con mi padre, me vuelvo a casa con un gran mini-lp, olvidaré el otro flojo mini-lp, pero le seguiré agradeciendo siempre estos ratos, que sí, ya no son como los de antes, pero son impagables.

Padre, sigue hablándome. Que yo vendré a visitarte.

Suena la corriente: "You've got it" - Bruce Springsteen


21 comentarios:

  1. Emocionante post. Habrá que ir a por el disco a la tienda más próxima.

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    1. Pepo, todos nos lo hemos bajado, pero creo que todos pasaremos por la tienda. Siempre es así, but I like it!

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    2. eguzkia1:45 p. m.

      uffff, sin palabras, me ha emocionado, gracias.

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    1. Qué quieres que te diga, hermano. Tú eres parte de esto.

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  3. Insuperable. Casi me haces llorar. Coincido en todo, hasta en las comas y los puntos. Ya te lo digo yo Red, eres grande. Creo que somos hermanos bastardos je je je. Saludos

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    1. jeje, Chals, nuestros padres musicales crean grandes familias! Para que luego digan que no procreamos!
      Gracias (y te debo un agradecimiento especial en tu Route, que no olvido!)

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    2. Tranqui con lo del aqgradecimiento, a mi con leerte y verte de vez en cuando por la route me sobra. A ver si se me pega algo de tu manera de escirbir je je. Saludos

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  4. Gran post! Yo no vi en su tiempo aquellos discazos (por que no existía más que nada) pero leo y veo vuestras experiencias y son grandes, muy grandes.
    Gracias por esta reflexión!

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    1. Lo bueno de aquellos discos es que están ahí, no pasan y no mueren, esperan a que llegue otro a quien cambiar la forma de ver la vida. Déjales hacer, Sergio, y no te arrepentirás.

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  5. Esto es insuperable! Cuando la reseña supera lo reseñado, cuando te hace pensar o reconsiderar, cuando parece que dices lo que no dices en realidad, precioso! Sigue fluyendo río que yo vendré aquí a sentarme y verte fluir...Un abrazo.

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    1. Joserra, la primera vez que llegué a tu casa fue por este post que me recomendaron no podía dejar pasar. Siendo de Bilbao y de esos discos, aquéllo sí fue emocionante. Eras de esos, de los míos!
      Sé el dolor que te ha producido este WB, pero nos queda todo, el chambergo y le pantalón de pana por fuera, y el escozor de aquellos acordes por dentro!
      Cuando quieras...

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  6. Coincido contigo en todo. Estoy muy contento de haberme equivocado tanto tras escuchar por primera vez We take care of our own, cuando intuía otro disco que no me gustaría. Hay unos cuantos himnos en este disco!

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    1. Gracias, Ru, el disco tiene afluentes muy interesantes y otros menos. Pero ese es parte de su ser.

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  7. Gran post. Del disco todavía no tengo criterio, pero este mediodía lo he comprado con la sorpresa de que el doble vinilo incluye también el cd. Todo un lujo, voy raudo a hacerlo sonar en el plato que es donde debe sonar, me he resistido a ponerlo en el lector de cd del ordenador, estoy que me muerdo las uñas.

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    1. Sergio, hoy en día es una opción excelente, muchos vinilos incluyen el cd y la descarga digital. Así cubres los tres frentes: el vinilo en casa, el cd para el coche, y el mp3 para el cacharrito mientras paseas.
      Todos los formatos tienen su momento (aunque evidente, para muchos, el vinilo sea el rey, de nuevo puesto!).
      Un saludo.

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  8. Anónimo1:40 a. m.

    Gracias Red River, me emocionaste, y como decimos aca en argentina, "Se Me Pianta un Lagrimón". Hay muchas cosas que me pueden diferenciar con vos, por ej. edad (40) y fundamentalmente nunca poder verlo en vivo. Pero siempre lo estoy viendo en mi imaginacion. Gracias nuevamente por tu post, y este nuevo disco tiene temas que me hacen ir desde tener piel de gallina a apretar los dientes y querer salir a insultar al mundo. Abrazo desde argentina.

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    1. Gracias a ti por pasar por el Río y compartir. Y eso es lo bueno de los discos, lo que nos hacen sentir.

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  9. He encontrado de casualidad este post, buscando información sobre los recientes conciertos de Willie Nile en España.
    Me ha parecido una maravilla, grandioso y emocionante.
    Me identifico plenamente contigo, has conseguido tocar la fibra de los que tenemos a Bruce Springsteen como padre musical e influencia vital.
    Seguiré leyéndote, lo que escribes vale mucho la pena.

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    1. Gracias por tu comentario, Iñaki.
      Y por cierto, enorme el concierto de Willie Nile en Bilbao. Es grande este tipo, un currante del rock!

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    2. Desde luego que sí, un currante del rock.
      Yo lo ví unos días antes en Coruña y Vigo y es un lujo poder ver a un artista así en un local donde apenas caben 200 personas.
      Y lo bueno es sacar el nuevo disco en agosto/septiembre y podremos disfrutar de nuevo´con él el año que viene.
      Un saludo.

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