
Cada disco tiene su tiempo y cada oyente el suyo propio. Hay rodajas que te entran a la primera, como un huracán, y se arrebolan en tus sentimientos empujadas por ese viento. Otras, en cambio, se quedan ahí rondando, como llevadas por una tenue brisa, hasta que un día, sin saber muy bien ni porqué ni cómo, sientes el fresco. Es entonces cuando, buscando algo de abrigo, eres consciente de la música que provoca el escalofrío. (...)
