
La auténtica medida de un artista es más fácil de valorar en circunstancias, digamos, complicadas. Una sala demasiado grande, poco público (pero selecto y entregado) y la frialdad que acompaña estas circunstancias. Pero el verdadero artista sabe que está ahí por su música, y cada uno de los presentes merece el que ésta se entregue con la pasión con que ha sido creada. El porqué de esa asistencia, es otro cantar más complejo. Aunque a los que estuvimos no nos importó lo más mínimo. (...)
