
No hablaremos de tendencias suicidas (aunque todo se puede arreglar y podemos ponernos a ello en cuanto queramos), pero quitando a Ella, tres o cuatro personas más, un puñado de canciones, un montón de discos y un txuletón de kilo y medio muy poco hecho, pocas cosas más nos invitan a levantarnos de la cama cada mañana. Muy pocos impulsos vitales son capaces de alegrarnos una vida que damos ya por amortizada, para bien o para mal. (...)

