
Hubo un tiempo, cuando el vinilo reinaba, en que los discos eran concisos, directos, de una duración que apenas superaba los 30 minutos (exceptuando los vinilos dobles y discos conceptuales). La aparición del cd y la posibilidad física de incluir un mayor número de canciones llevó la media de las obras a casi una hora. Y en más de una ocasión, estas duraciones excesivas lastran discos en los que el autor considera que debe expresar todo lo plasmado, pero al oyente le sobran más de una tonada. (...)