
Poco o nada habrá que contar a quienes vieron allá por principios de siglo a los getxotarras Zodiacs. Fuerza bruta dotada de riffs y melodías de pura vitamina potenciada con esteroides era lo que uno podía echarse a la cara y a los oídos al pillarlos sobre un escenario, además de litros de sudor. Y todo ello anticipaba su aventura madrileña, pero antes, como si fuera necesario salvaguardar aquellas esencias de puro salvajismo, dejaron dos discos que acreditan el fragor de la batalla.(...)
