
Cualquiera que quiera navegar por entre las influencias que acumulaban los grupos de la hornada que a finales de los 70 revitalizó el power-pop primero, y posteriormente en los 80 asentó un buen número de obras maestras de puro pop-rock, tiene por delante un viaje gozoso. No solo es zambullirte en los sonidos que nacieron en los 60 en el Reino Unido y que posteriormente tomaron América en la British Invasion. Es sumergirte directamente en la sangre que manaba de la yugular del pop (entendiendo pop como lo hacemos en el Río, y muy lejos del desgraciado concepto que hoy en día se ha dado a esas gloriosas tres letras). (...)