
Pues no, no parece que tengamos que pedir a cada disco que cae en nuestro reproductor que nos cambie la vida, que sea capaz de cuestionarnos todo lo escuchado anteriormente, que suponga un antes y un después en nuestra concepción de los sonidos y los efectos que éstos puedan llegar a producirnos. Un disco tiene derecho a aspirar a muy poco. Y a la vez, a hacerlo de manera maravillosa. (...)

