
En 1978, Patti Smith, durante un concierto en California, presentó a Jim Carroll como “la persona que me enseñó a escribir poesía”. Y eso es lo que era principalmente, y por encima de todo, Jim Carroll. Un poeta. Un escritor. El otro día, Willie Nile le llamaba my brother e interpretaba una de sus canciones, People who died. Porque Jim Carroll también fue un músico. Y dejó al menos un disco que ha devenido imperecedero, Catholic Boy.
Tras el concierto de Willie Nile, el ansia por recuperar ese disco de 1980 se antojaba implacable. Y continúa vivo, continúa sucio, angosto, duro, excitante. Aunque editado cinco años antes, Horses de Patti Smith mantiene unas líneas invisibles con Catholic Boy que siempre ha hecho a éste un espejo de aquél. Es música hecha con el desgarro de una vida podrida, una vida llevada algo más que al límite, una vida que pateó los submundos más oscuros del Nueva York underground. (...)