
Ni peras, ni manzanas, ni guayabas. Al olmo nunca le he pedido ninguna estupidez. El olmo da sombra, madera y sámaras, y éstas no valen absolutamente para nada. Así que tal vez sea esa la causa de encontrarme tan a gusto en mi zona de confort. Apegado a la realidad y sabiendo qué esperar de ésta. Sin ínfulas de evoluciones calzadas de mala manera. (...)
