
Hace dos años y medio escribíamos aquello de De vuelta al bar, sentados. Treinta y dos años después, nos enfrentábamos de nuevo a un disco de Graham Parker & The Rumour. Nos volvíamos a encontrar, pero esta vez no en los cuartos oscuros del pub, donde ofrecían el alcohol prohibido, sustancias vitaminosas y pecaminosas y los puños iban a las caras más a menudo de lo deseado. (...)

