
En las elucubraciones típicas del aficionado a la música, uno puede imaginar al creador que escupe himnos como si lo hiciera sin esfuerzo, como si al levantarse de la cama decidiera que va a cambiar la faz de la música con dos composiciones surgidas como por arte de magia. Evidentemente, nada se hace sin esfuerzo, pero hay músicos que parece que guardan éste para otros menesteres y no precisamente el de la composición. (...)