
Hubo una época en que no había internet, ni youtubes o spotifys que valieran para ponerse al día de la música que uno necesitaba. Seguramente no sea necesario recordarlo, ya que la mayoría de seres que deciden pasarse por estas aguas nos tememos están más cercanos a las arrugas de quienes escribimos esto que a las tersuras de la generación digital, por mucho que nosotros usemos la tecnología. (...)
