viernes, 25 de noviembre de 2005

Sombra y luz

Cuando no hay nada que decir, mejor callar.
Cuando no haya nada que ver, mejor no mirar.
Cuando hay poco que escribir, mejor no hacerlo.
Cuando nada invita a actualizar...

Ustedes disculpen (y no digo las molestias, que no creo que lo sean).

¿Habrá luz o habrá sombra?



Suena la corriente: "Jacksonville City Nights" - Ryan Adams

sábado, 19 de noviembre de 2005

Jodida gota

Aquí estoy, en el baño de una sala de Durango, impaciente por encontrarme en escena con Scott McCaughey. No, hoy no está con sus maravillosos Young Fresh Fellows. No, hoy con sus no menos fascinantes The Minus 5 tampoco están los Posies Auer y Stringfellow, tampoco voy a saborear el genio de Jeff Tweedy. Pero él solo es capaz de ponerme nervioso. Toda una semana maldiciendo a la prensa que los publicita como la banda paralela del guitarra de REM, Peter Buck. Para mí, son Scott y amigos, nada más.

Entra y se enfrenta al urinario de al lado. Miro, como distraído. A diez centímetros de mí, codo con codo, Peter Buck (ya, ya sé que pasaba de él). Pero coño, estoy meando con el guitarrista de REM. Trato de concentrarme, pero creo que se me está encogiendo.

Y entonces, sin el más mínimo control sobre mis actos, suelto un Hi, Peter, good luck. Me mira, y me dice you too. ¿Yo también, qué? Joder. Me estoy empapando con la maldita gota. Toda mi compostura y mi estudiada distancia al garete en un segundo. Allí, miembro con miembro, y yo suelto un lamentable good luck.

Y Scott, y Peter, y John Ramberg (como disfruté hace un par de años a sus Model Rockets), y Bill Rieflin me confirman que no hay edad para disfrutar encima de un escenario tocando simplemente rock and roll. Esa bendita droga que nos mantiene vivos. A ellos y a mí. Diversión, sentimiento y guitarras.

Qué más pedirle a un viernes noche. No hay edad.

Pues eso.
Good luck.
Jodida gota.



Suena la corriente: "Down with Wilco" - The Minus 5

jueves, 17 de noviembre de 2005

Arrastrando mis botas

Muchos de los pétreos e inamovibles defensores de la libertad echarán alguna que otra lagrimita por la muerte del paticorto. Y yo arrastro mis botas por el asfalto.

Monseñor se sentará en la silla, con aire apesadumbrado, se arremangará la falda de la sotana y rascándose con la uña sucia los testículos, extrañará tiempos mejores.

La cantante cuarentona, ex reina de la chabacanería bailonga, trata de recuperar pasados no tan gloriosos pero sí más carnales, y la progresía disfrazada de modernez aplaude entusiasmada, por aquello de a la vejez, viruela.

Los ex terroristas arrepentidos tratan de lavar sus conciencias corriendo alborozados hacia el otro extremo, exhibiendo su supuesta virilidad, tensando cuerdas como antes tensaron gatillos. Ni pío.

Avioncitos que van y vienen, secretos pero en viajes de novios, en lunas de hiel. Cartitas de amor ("cariño, tú y yo que somos hombres y padres…").

Tenemos televisión, tenemos radio, tenemos prensa, tenemos fútbol, tenemos pan y circo. Y los políticos siguen jodiéndonos los huevos, esos mismos que se rasca monseñor.

Y yo arrastro mis botas por el asfalto.
Ni jodido ni contento.
Ni alegre ni combativo.
Ni santo ni demonio.

Con una pizca de acritud. O de acrimonia.
O de acracia.
Qué más quisiera yo.

Hala, ya crispadito, me voy a la cama.
Que encima, ahora, el sexo oral produce cáncer. Sólo nos faltaba ésto. Para mí, que son cosas de los obispos.
Y yo arrastrando mis botas.



Suena la corriente: "Ay, qué gustito pa' mis orejas" - Raimundo Amador

martes, 15 de noviembre de 2005

Sin identidad

Es bonito estar alejado, perdido, apartado de las cosas que parecen mayestáticas, definitivas, esenciales para el discurrir de los tiempos.

No señor, me olvido y me centro en los míos, y me dejo enfriar por el viento gélido, porque este anticipo de invierno se agradece cuando se disfruta en el campo.

Y paseo por una reliquia del pasado, desconocida para mí. Un pueblo viejo que quedó tal y como estaba el día después del fin de aquella guerra fratricida. Y que fue manoseado ya cadáver para la venganza. Y puedo ver en los ojos de los hijos de mi hermana la incomprensión ante aquellos absurdos.

Ojalá crezcan sin identidades, al menos tal y como las entienden los memos de los que estamos rodeados.
Ojalá crezcan sin patria ni dios (al menos su patria y su dios).

Yo me siento sin bandera y sin credo.
Solamente con gotas que me rodean, personas que me refrescan.
Sólo en eso confío.

En nada más.
Y en nada menos.



Suena la corriente: "Pressure chief" - Cake

miércoles, 9 de noviembre de 2005

El cuerpito de Ahmed

Los pulmones de Ahmed insuflan ya aire a dos niños de 4 y 5 años. Los riñones de Ahmed segregan orina en el cuerpo de un pequeño de 5 años. El hígado de Ahmed se ha podido dividir, y segrega bilis en el cuerpo de una mujer de 56 años y en el de un bebé de seis meses. Y el corazón de Ahmed late en un crío de su edad. Un corazón de doce años.

Los restos de Ahmed el Jatib están repartidos, dando vida. Y no importa si en cuerpos hebreos, palestinos, árabes. Simplemente, vida.

Supongo que los habrá que consideren a esas nuevas vidas algo monstruoso. Aquéllos que se regocijan con el enfrentamiento, que lo esperan, que lo desean. Aquéllos que sólo viven por y para la muerte (algunas sotanas y su conciencia radiofónica).

Pero tal y como están las cosas, Ahmed es algo más que un cuerpito desmembrado. Ahmed es una puerta. Algo querido. Algo deseado.

Será que soy un pusilánime.



Suena la corriente: "Cripple crow" - Devendra Banhart

martes, 8 de noviembre de 2005

De oreja a oreja

Con sólo un momento de estremecimiento ya doy por bien empleado el gasto que me pueda suponer un disco, un video, un concierto. Son tan escasas las veces que uno puede llegar a sentir ese cosquilleo en la piel y en el estómago, que bien vale que al menos dure un instante.

Y Teenage Fanclub siempre lo han conseguido. Sus melodías, guitarras, voces, frescura me resultan apabullantes. Mi lástima será no haberles disfrutado aún como se merecen, ellos solitos en el cartel. En el 92 como teloneros de Nirvana, en el Azkena Rock de hace un par de años y ahora metidos en el cartel del Wintercase, han conseguido aguijonearme donde, más que doler, da gusto.

Fiel a mi pasión y falta de objetividad, me entrego a quien es capaz de corroer mi parte de piel más insensible con una canción como Neil Jung. Y realmente cuesta resaltar de entre el ramillete que atesoran.

Como adorador de Alex Chilton (¡tantos iconos que pierdo la cuenta!, pero qué ricos saben sus viejos vinilos que aún hoy giran fantásticos en el plato), siempre me ha resultado tarea difícil buscar sucesores a Big Star. Y a veces encuentro un incordio (del que yo mismo participo) que no haya escrito en el que no aparezcan estos nombres unidos. Pero no considero a Teenage Fanclub herederos de nada. Porque están a la misma altura que los mejores Big Star. Y ambos, a derecha e izquierda de los Byrds.

Con gente así, la palabra pop, manoseada y desvirtuada hasta la náusea, cobra todo su sentido. Luce en todo su esplendor.

Igual que mi sonrisa.
De oreja a oreja.



Suena la corriente: "Bandwagonesque" - Teenage Fanclub

martes, 1 de noviembre de 2005

El tercer vértice

Y él canta:

The red river still flows through my hometown
Rollin’ and tumblin’ on its way…

…it’s a dream,
Only a dream…

Y uno, que últimamente tiene poco que contar, poco que decir, que aún se despierta legañoso pensando dónde estuvo, dónde está, y que te busca, sabe que el río rojo fluye cuando quiere, por donde quiere, siempre hacia ti.

Y la tercera esquina de nuestro triángulo particular nos regala una nueva joya. En su tradición, suave y cercana, campestre, honrando la memoria de su padre.



Pero también la de sus muchos padres:

The last time I saw Elvis
He was singin’ a gospel song…

Y yo sigo recordando las muchas caras vistas, vividas. Vidas en las que ni tú, ni yo, ni él importamos lo más mínimo. Pero ellas se han quedado en nosotros.

Es curioso lo que a cada persona nos marca. La relación invisible que nos une. Porque, ¿eres consciente de lo que seríamos sin él? Me cuesta imaginarlo.

Somos tres. Tú, yo y Neil Young.
Y de momento, el único que a veces falla soy yo. Vosotros dos siempre estáis ahí.
Tú, con tu eterna sonrisa.
Él, con su Prairie Wind.
Y yo con, con,….


El río seguirá fluyendo.

The red river still flows...


Suena la corriente: "Prairie Wind" - Neil Young

sábado, 22 de octubre de 2005

Un tequila por él

Este barco vuelve a navegar por ríos conocidos. Han pasado apenas dos horas desde que un avión depositó en las manos de Ella un cuerpo maltrecho y una mente cansada. No es lo mismo viajar sólo por placer. No es lo mismo viajar sólo por trabajo. Trato de absorber los pocos tiempos que me deja lo segundo para deleitarme con lo primero. Ansia de ver. Ansia de oler.

Pero al final, la falta de minutos de respiro se deja notar. México ha pasado como una exhalación. Pero el cuerpo ha respondido de manera cansina. La mente estaba en otra cosa. En Ella y su familia. Tiempos difíciles en los que solamente quieres estar con los que quieres.

Pero estás lejos, a miles de kilómetros. Y aún así, has encontrado huecos para mojarte en el Zócalo, para empaparte de sonidos rancheros, para mancharte las manos con tacos y quesadillas, para escuchar el caos, para sentir el pulso, para disfrutar los colores. Porque México es color.

Y el cuerpo se revelaba. Irascible. De mal humor. De malos humos. Y México se me ha escapado como una exhalación. Aunque sé que me espera. Para otra visita. Para otro abrazo.

Llegas y te abrazas a Ella. Y le susurras que todo va a salir bien. Porque es lo único que quieres. Porque tienes la certeza de que va a salir bien.

Y poco a poco te vas haciendo a la nueva realidad, que era la tuya, pero habías dejado estancada. Y sabes que hay gente que ya no está.

Odiado y amado. Kike Turmix ya no está. Se ha ido con sus guitarras a otra parte, donde a buen seguro seguirá armando bulla, seguirá siendo odiado y amado. Malasaña queda coja. Deba queda cojo. Bilbao queda cojo.

No puedo decir que le conocía. Pero siempre nos saludábamos. A él le llamaba Mutriku. A mí, Zarautz. Por razones obvias. Nosotros le decíamos simplemente Kike. Pero volver a Malasaña y no encontrarle va a ser raro. Va a ser triste.

Le mezclo con mis cosas. Con mis viajes. Con Ella. Pero así quiero que sea. Porque soy consciente que al final también formaba parte de lo mío, de mi música, de una parte de lo vivido.

Odiado y amado. Discutido. Pero recordado. Y fue casi al final, pero dio tiempo a saborear un tequila en su honor.

Por el Gordo!



Suena la corriente: "Nos van a desinfectar" (Poch) - The Pleasure Fuckers

Vivido en México.
Navegado en casa.

sábado, 15 de octubre de 2005

Me gusta que esté borracho

Contrastes. Me gustan, pero a veces resultan excesivos. Panamá parece rebosar dinero (es un hecho desde que les devolvieron el Canal), y al lado rebosa pobreza. La Habana lucha a duras penas por recuperar su parte vieja. Es normal. Aquí no necesitan luchar tanto, y sin embargo su estado es triste. Y no deja de ser una joya.

Don Manuel, el taxista, no calla al volante. Tienen la mejor agua, el mejor verde tropical, las mejores reses (aquí no hay vacas locas ni gripes aviares), los mejores carros, los mejores edificios, las mejores morenas y los peores pobres. Les dieron el casco viejo y lo destrozaron. Él los destroza a su vez, los descuartiza. Y no creo que esté mucho más arriba en el escalafón.

Veo desde una terraza el trajín del barco por las esclusas. Para un alma marinera, resulta fascinante. Impone. Emociona. No puedo apartar los ojos, y quiero estar ahí, en la proa, viendo la maniobra. Me sobra la tierra firme.

Tim nos mira con sus ojillos entrecerrados detrás de sus gafas. El rioja corre de copa en copa con profusión. Le doy coba en su inglés natal. Ustedes sí que saben divertirse. En mi triste ciudad blanca todos somos muy aburridos. Tim, no digas chorradas, si te estás divirtiendo como el que más. Ya, pero yo estoy borracho.

Primera vez en todo el viaje que en un garito hay una banda tocando algo que parece fuera de lugar. Pero lo agradezco. Doors, Stones, Dylan, Creedence,… Al fin no duramos, y yo, como borreguito, me voy a mover al ritmo latino. No me quejo. Borreguito contento.

Estoy cansado. Quería probar el casino, perder mis 50 doláres (no doy para más), soñar con épocas pasadas. El crupier me intuye dormido, pero logro escapar a tiempo. Me acerco a la recepción para chequear unas llamadas. Veo llegar a Tim, pero prefiero que no me vea. El bueno de Tim.Encontró a su morena. Me gusta que Tim esté borracho.



Suena la corriente: "Green river" - Creedence Clearwater Revival

Vivido en Panamá.
Navegado en Ciudad de México, México

miércoles, 12 de octubre de 2005

Un gustito muy fresco

Y bailé, sí que bailé.
Lo que me pusieron por delante. Con quien se puso por delante.

Y paseo por Bogotá, aprovechando el poco tiempo que tengo para ser yo y disfrutar. Trato de olvidarme de esos ojos analíticos, que comparan, escrutan, sentencian. Quiero ser yo y simplemente perderme en las calles, en la gente, en los bares. No quiero decir que me llevo la impresión de Colombia como un país alegre, dinámico, activo, en buen estado. No quiero decir que de los países sudamericanos que he visitado en los últimos meses es el que está menos triste. O al menos lo parece. No quiero escrutar.

Quiero simplemente mezclarme. Refrescar el cansancio tomando un jugo de quién sabe qué en la calle de la Fatiga, en la calle del Divorcio, en la calle de los Amigos. Ver a los niños subir en los autobuses en marcha. El mocoso que me insulta porque le hago una foto. Los ojos de la morena que me dicen que por diez dólares le puedo fotografiar todo, todo.

Dice el taxista usted tiene un buen trabajo. Me quejo, pero sí, lo tengo, me permite mirar, ver, que es lo que me alimenta. Me quejo, pero me veo en un grupo tomando una cerveza con gente de al menos diez países diferentes. Con lo que odio los países. Me quejo, pero disfruto viendo los ojos extraños cuando proclamo que no he leído el código da vinci y que no tengo la más mínima intención de hacerlo, yo, al que ven con un libro en cada avión.

Es un grupo extraño, pero cálido. La vida de los feriantes. Nos entendemos, nos apoyamos. Estamos todos lejos, a millas de las cosas que queremos. No encajamos, no encajo, pero nos dejamos llevar. Me dejo llevar.

Me dejo sacar a bailar. Cierro los ojos. Y le digo a Ella en un susurro, sé que eres tú quien me sacas, sé que estás aquí.

No hay aire acondicionado? No señor, pero le podemos traer uno personal. De acuerdo. Aquí está, señor. Pero esto no es un aire acondicionado, es un ventilador. No importa, señor, pruébelo, ya verá como da un fresquito muy gustoso.

Sí, un gustito muy fresco.



Suena la corriente: "Alivio de luto" - Joaquín Sabina

Navegado en Ciudad de Panamá, Panamá

viernes, 7 de octubre de 2005

Olores conocidos

Olvido la Lima incorpórea y la Cartagena habanera (si hasta sus murallas son su malecón), y me sumerjo en la Sudamérica que identifico, que me es afín, que me lleva a mis años pasados. El conserje del hotel pone cierto mohín cuando ve que salgo a pasear por Cali. Asumen el papel de responsables del huésped (y no sé por qué, si ya está todo pagado). Pero yo no puedo evitar la imagen que de la ciudad han creado los medios, las películas, los libros. Y supongo que los propios actores de la acción.

Y me encuentro con el caos de carros, motos, bicicletas, autobuses de todo tamaño, color y pelaje, cláxones, pitidos, gritos, risas. Gentes de un sitio a otro, supongo que con un destino (aunque no lo parezca), grupos abigarrados esperando el verde de un semáforo que no respetará ningún auto, con ese frenesí del caos que en nada se parece al estrés de nuestras calles.

Olor a fritanga, a lechona rellena de arroz y chicharrones, a jugos de todos los colores, a frutas de todos los sabores, a sexo de todos los géneros (y subgéneros). Música estridente en cualquier esquina, roce de pieles blancas, morenas y negras, cuerpos imposibles, el reino de la curva, la extinción de la anorexia.

Los bingos abiertos a pie de calle, con mesas, sillas y cartones que se antojan de uso eterno, cientos de quinielas, loterías y rifas (el sueño del pobre), copetines que prometen ambiente familiar y ofrecen oscuridad abisal, iglesias que reciben al nuevo Papa, el ratero que corre seguido del embaucado que aún así se pone su camiseta antes de la persecución (carreras con dignidad), el niño con su bote de cola (peluches de quien no tiene nada).

Vuelvo al hotel al rato de caer la noche habiendo olido lo que conozco, pero jodido por esa búsqueda de la seguridad que el europeíto cree que solamente encontrará en su jaula de oro. Jodido por no haber bebido en el copetín de ambiente familiar.

Trabajo sábado y domingo (el capital no respeta fiestas de guardar), pero mañana (ya hoy) en Bogotá creo que es hora de estirar las piernas. De salsear. De marcarme un vallenato bailando como si lo hiciera con Ella.



Suena la corriente: "Cali pachanguero" - Grupo Niche

Navegado en Cali, Colombia

jueves, 6 de octubre de 2005

Historias mínimas

Carta

Pelo más que canoso, unos setenta años, chaqueta, corbata y camisa raídas por el uso, saca unas cuartillas que parecen de un blanco deslumbrante, una (preciosa, esbelta) estilográfica Montblanc, y yo, de pié al lado de mi asiento, no puedo evitar fisgonear en su vida:
"Camino Lima, sin saber qué voy a encontrarme, sobrevuelo tu isla, nuestra isla, y más que nunca te extraño, me duele no tenerte, abrazarte, besarte… Te amo y es un amor lleno de duelo…".
El pudor me vence, a pesar de mi inútil resistencia, vuelvo a mi lugar, me siento, e imagino mil historias, continúo la carta de mil maneras y creo mil vidas no sé si reales. Y pienso en Ella.

Fe

Dejo Lima sin haberla pisado. Literalmente. Horarios desquiciados y trabajo. Hotel, taxi y aeropuerto. No ha dado para más. Tomo asiento. A mi derecha un matrimonio peruano, entrados en años, curtidos por el sol, el trabajo, apariencia más que humilde. Saco mi libro. Él, el suyo. Una Biblia de tapas duras y hojas desgastadas que abre por San Lucas. La mujer le agarra la mano y le dice, luego me cuentas.

A mi izquierda, dos mujeres maduras. Forman parte de un grupo de peruanas que viajan de vacaciones a Colombia, tan alborotadas que parecen niñas, todas ellas con una estrafalaria gorrita roja. La más cercana a mí lee un librillo igual de desgastado, la última encíclica de Juan Pablo II. Lo aprieta contra su pecho, lo estruja mientras despegamos, tiembla con los ojos cerrados y la cara pálida. Me dan ganas de agarrarle la mano y decirle no pasa nada, todo va bien.

Tumulto

Paseo por una Cartagena de casas de postal y personas de carne y huesos. Ellas de mucha, mucha carne, ellos de mucho, mucho hueso. Una grúa que trata de elevar pesadamente un coche mal aparcado, pierde fuerza y lo desploma contra la acera. Todos se convierten en expertos y discuten si ha destrozado la dirección del carro. El dueño, bajito, azorado, rojo de vergüenza ante la masa que nos congregamos, se deja manosear, guiar, dominar por una mujer de mucha, mucha carne y mucha, mucha altura. Gritan a la policía, a los gruístas, al cielo. Cada vez somos más, todo el mundo habla, todo el mundo ríe. Que mueva el coche, que no lo mueva, que está jodido, que no tiene nada. La mujer pide un fotógrafo que pueda llevar la muestra del supuesto desperfecto a comisaría.

Y alguien grita, aquí hay un turista, y tiene una cámara. Que venga inmediatamente, ahora, es vida o muerte. La mujer tiene claro que ella es la que domina. Busco al pobre incauto extranjero a punto de meterse en un embolado de cuidado, y veo que todos, todo el tumulto, me mira a mí.

Me cruzo la mirada con el dueño del coche, y antes de salir por patas, nos comprendemos.



Suena la corriente: "A ghost is born" - Wilco

Navegado en Cali, Colombia