domingo, 18 de septiembre de 2005

Yo también me aburro

Sí. El avión voló y aterrizó sin ningún problema. No inflamos las estadísticas tan apabullantes de los últimos meses. El páramo seco en el que poco a poco se va convirtiendo este río nada tiene que ver con desarreglos horarios o rutinas desquiciadas.

Dedico mi tiempo (el poco que me queda para mí) a leer letras y escuchar notas. Y a esperar que vuelva Ella. Y cuanto más leo, menos escribo. Y cuanto más escucho, más me ensimismo. Me entra miedo al papel en mis manos, al láser de mis lectores (lectores de cd, no vayamos a caer en la presunción).

En unas semanas empiezo un nuevo viaje, para mí monumental. Lo preparo. Lo espero. Lo deseo. Lo temo. Pero los próximos días me prometen escenarios. Chris Cacavas. Ben Lee. Elliott Murphy. Hellacopters. Y algo más.

Y a mí también me apetece pedir permiso a la seño para ir a hacer pipí. Yo también me aburro.



Suena la corriente: "New quadraphonic highway" - Russ Tolman

domingo, 11 de septiembre de 2005

Contrastes que reconfortan

Europa está vieja, no tiene futuro, la juventud sólo vive abotargada con sus cascos puestos escuchando su infame música. El futuro somos nosotros. En Europa ya no existen intelectuales, se perdió la espiritualidad. Nuestros jóvenes al menos son el mañana. Mirá, si mis nietos todos ellos han leído todas las obras de Paulo Coelho.

Sí, ejem, si el futuro de la intelectualidad son ellos, sus nietos, apaga y vámonos. Y llevo dos días viéndoles desfilar delante de mis ojos, y no, no hay diferencia. Salvo que todos llevan gafas de sol en recinto cerrado.

Todos somos más iguales que lo que creemos, que lo que deseamos. Y no digo que eso sea bueno. Nos estamos diluyendo. Igual aún estamos a tiempo de hacer algo inteligente, y nos apagamos poco a poco.

Me voy por la noche a Recoleta. Un bife de chorizo jugoso, ensalada de frutos ecológicos y una buena cerveza. Me reconforta con el presente. No le pido nada más a la vida (sí, que Ella estuviera aquí conmigo, queriéndola, acariciándola).

Y a las doce de la noche entro en esas librerías que no cierran (o yo no llego a la hora del cierre), donde dos viejitos saben de todo, y compro unos libros que encontraría en mi casa, pero que me ilusionan más comprados aquí. Y me reconforta.

Y me pierdo por la disquería donde solamente hay tango, del viejo y del nuevo. Y la tarjeta empieza a trabajar. Ya está acostumbrada. Teme acercarse a un estante de discos. Sabe lo que pasará. Y me reconforta.

Apuro los últimos sorbos. Mañana un avión me llevará de vuelta (si él quiere, porque últimamente…) a ese extraño lugar donde somos viejos y no hay intelectuales.

Pero esta noche apuraré un sorbo más.
Y me reconforta.



Suena la corriente: "Tocá tangó" - Cáceres

Navegado en Buenos Aires, Argentina

viernes, 9 de septiembre de 2005

Cuesta volver

Los ecos de aquellas guitarras van difuminándose (aunque no se olvidan. Bendita memoria). Y los sentidos empiezan a abotargarse con otros sonidos, distintos, frenéticos, a veces agobiantes, las más gratificantes.

Paseo por Buenos Aires, la que se pretende europea, y que deseo no lo sea (más de lo que ya parece). Hay aún tristeza en los rostros. Pero crece la sensación de que empiezan a levantar cabeza (ellos, tan dignos, que nunca la bajaron).

La conversación con la gente de la calle te abofetea con la realidad. El taxista que se casó con una española a los 23 días de conocerla en el carro, y que ahora con una hija enferma y sin ningún subsidio, no ve salida al callejón. El dueño del copetín en La Boca, que me asegura que la próxima visita que haga por allí, ya no tendré mesa, ya no tendré Quilmes, ya no tendré conversación. El niño de ojos tristes que vende latitas a los ejecutivos que comen a cuerpo de rey en Puerto Madero. La Casa Rosada, vallada permanentemente para evitar la racional ira del pueblo.

Ciudad de contrastes, como toda Latinoamérica. Como toda América (Nueva Orleáns en la retina). Como todo el mundo.

Pero disfruto. Al menos el poco tiempo que tengo hoy. Mañana viene la faena, la friega. Viajo para trabajar. Pero manteniendo los ojos abiertos. Respirando los olores. Sintiendo los sudores. Paseando con ansia en Plaza Francia.

La vida sigue. Como si nada ha pasado. Como si todo siguiera bien.

Aunque el pintor callejero es sabio.
Y lo dice (aunque las manos del mal fotógrafo casi lo oculten):
Cuesta volver a las mentiras.



Suena la corriente: "No tan Buenos Aires" - Andrés Calamaro

Navegado en Buenos Aires, Argentina.

lunes, 5 de septiembre de 2005

Después del viernes, un sábado

En fin, sí, es cierto que este viernes estuve en el Azkena Rock. Un año más, fiel a una cita con las guitarras que empieza a ser adictiva (a pesar de los altibajos, las necesito). Es cierto que Masters of Reality me gustaron por su elegancia en un género stoner que no siempre lo es. Cierto que Drive-By Truckers me emocionaron, aún cuando hubiera pagado más por verles en una sala pequeña. Cierto que Wilco me confirmaron una vez más lo que siento por ellos (sin llegar a meterme del todo, no puedo olvidar su "Vía Chicago"). Cierto que es difícil que a Gov’t Mule les entren muchas canciones en apenas una hora. Cierto que Social Distortion me aburren (el piñón fijo ya no es lo mío).
Y es cierto que, a mis 40 años, quién me lo iba a decir, he visto en directo a Deep Purple. O a lo que queda de ellos, que no es poco. Y la sensación que tenía era como la que puedo imaginar hubiera tenido de ver a un Torrebruno recordándome mi infancia. Cierto que son parte de mi adolescencia, que el Made in Japan ahí está, llenito de polvo en su vitrina. Que ya Gillan no llega, Paice no hace solos de quince minutos, que me suenan más a folklóricas del rock. Pero mira por donde, incluso me hizo ilusión. Será por poder decir que he muerto habiéndoles visto (cosa que no haré con Torrebruno).

Pero este año, el sábado me escapé. Dejé los tórridos escenarios vitorianos, por otros igual de calientes, pero más pequeños, más entrañables. Y nada de con menos guitarras. El poder de las mismas no está en la masa, sino en el sentir. Y de eso sí que tuve.

Lo mío con Reno es ya conocido por quien haya navegado por el río. Y no me quedo en ese "a ver si tienen suerte" tan recurrente. Reno no necesitan suerte. Necesitan justicia. Porque tienen la actitud y la emoción necesarias. Porque esta emoción la trasladan a los que estamos abajo, aunque ellos puedan tener una imagen autocrítica. Porque aman la música, chupan la savia de las mejores raíces (el sábado concretadas en Uncle Tupelo, Cash, Iggy Pop) y nos la regalan con rabia. Y sobre todo, porque me hacen sentir vivo. Y no saben lo que se lo agradezco.

Y caldearon la sangre para recibir bien preparados a Steve Wynn and The Miracle 3. Un tipo de esos que los especialistas consideran excelente secundario, pero al que yo (supongo que "especialista" en nada) considero un pilar fundamental, una de las bases más indiscutibles del rock entendido en el 2005. Le he visto varias veces, con los viejos Dream Syndicate y con su potente trío actual. Y siempre lo ha dado todo. Porque eso es el rock, la actitud que antes comentaba. Pero lo del sábado fue algo inenarrable. Y es un hecho. Para qué contarlo. Hay cosas que simplemente hay que vivir. Y los que lo hicimos no lo olvidamos. Y charlando con ellos, eres consciente de que estás donde quieres estar.

-¡Abuelo, qué tal Deep Purple? Tocaron el Smoke on the water? Qué pasada, cuenta, cuenta…
-Deep Purple? Ah, sí, es verdad, les vi el viernes. Pero no se, apenas me acuerdo. Porque después del viernes vino un sábado. Y ese no lo olvido.

Ay, Jesús, si es que me apasiono.



Suena la corriente: "...tick...tick...tick" - Steve Wynn & The Miracle 3

miércoles, 24 de agosto de 2005

Daydream Nation

Hay discos que por las razones que sean, tanto relacionadas con la propia obra en sí, como por las circunstancias particulares de quien la escucha, se convierten en referencia ineludible.

Tengo muchos dentro de esa consideración. Bueno, tal vez no tantos, pero para mí son tan grandes, que su propio peso les hace imprescindibles.

A finales de los ochenta compré uno de ellos. Un doble LP, sí, sí, de los de antes, hecho con ese glorioso material que ya parece pertenecer a una época pre-contemporánea. Hace no mucho tiempo, el hijo pequeño de unos amigos salió escopetado para contarle a su padre que en el salón de la casa donde estaban de visita había descubierto unos discos muy raros, gigantes y negros.

En efecto, aquellas cuatro lustrosas caras de vinilo contenían surcos por los que sangraba un sonido apabullante, rock y ruido hermanado directamente con las escenas más excitantes de la época en Nueva York, de la no-wave a los estertores del punk, y que fue precursor de muchas cosas que sucedieron en la década siguiente.

Los señoritos Ranaldo, Moore y Gordon (ay, ella) se habían colado con su Daydream Nation en el mejor stand de mi habitación. Donde están mis elegidos. Los míos. Siguiendo una falta de lógica y un criterio tan subjetivo como yo mismo.

No dudo que un músico imagina las distintas coyunturas en que un oyente saborea su obra. Follando, riendo, bebiendo, llorando, corriendo, vagueando, bailando, saltando, gritando, conduciendo, trabajando,…

Pero dudo que Sonic Youth imaginaran a un pringao de cuarenta años paladeando su vigilia mientras plancha las camisas y pantalones que componen el gris vestuario que le da de comer.
Eso sí, para cuando me puse a limpiar el baño, Daydream Nation había terminado.



Suena la corriente: "Daydream nation" - Sonic Youth

viernes, 19 de agosto de 2005

Lección de anatomía

Hace un par de días murió Freddy Alborta. Y he de reconocer que no tenía la más mínima idea de quién era este personaje. Aunque ha resultado que sí conocía parte de su obra.

Fotógrafo boliviano, saltó a la fama por las instantáneas que hizo del Ché Guevara poco después de ser ejecutado por el ejército en La Higuera, Bolivia.

Más allá de la famosa y manida fotografía de Alberto Korda, todo un icono convertido en pura mercadotecnia (que aún así, no deja de ser enigmáticamente magnética), siempre me sentí subyugado por ese Ché muerto, con los ojos sin vida pero aún abiertos, como controlando lo que ocurría a su alrededor, siendo exhibido como trofeo. Y es imposible dejar de comparar dicho momento con cualquier cuadro de un cristo yaciente o la lección de anatomía de Rembrandt.

No me interesa analizar la figura del Ché. Como todas las vidas (aún más ésta), no deja de ser una simple sucesión de claroscuros. Y como todas las vidas, sólo puede ser juzgada como propia de su tiempo. Sí me queda claro que para muchos, su muerte fue una liberación. Para la CIA, para Fidel, incluso para el propio Ché.

Pero sin poder sacudirme ese halo de rebeldía romántica que siento, me quedo atrapado por sus fotos, las llena de vida y las llenas de muerte.



Suena la corriente: "Hasta siempre" - Omara Portuondo y Martín Rojas

martes, 16 de agosto de 2005

Aromas de olivo

Es árbol de tierra dura, de tierra seca. Es árbol de tronco dramático, que canta al desgarro. Es savia retorcida.

Yo, débil ser, tengo alergia al olivo. Al polen del olivo. A veces me gusta pensar que las alergias reflejan ese querer distanciarnos de un mundo que no entendemos. Vale tío, poético contracultural que se pone uno. No son más que un síntoma de la mierdilla física hacia la que avanzamos.

Pero me gustan los olivos. Su forma, su grito, su fruto. Y ahí que me fui con Ella, rodeados de cientos de ellos, perdidos en una finca que los tiene por nombre. Lejos de las grandes playas, de las aglomeraciones. Disfrutando de nosotros.

Y, mitómano declarado que es uno, persiguiendo los olores que por esos caminos dejaron gente como Graves, como Kevin Ayers. Ah, el viejo Ayers. ¿Continua vivo el jodido? Parece que sí, aunque como siempre, moviéndose como una anguila en el mundo underground. Un rey de la bohemia, han dicho los que dicen que saben. Yo le veía más como un príncipe de la pereza, del dejar pasar la vida.

Cuando me iba de aventura a los abismos (aventuras templadas y burguesas, para qué negarlo), adoraba las tajadas en escena del borracho Kevin. Algunas fueron antológicas. Recuerdo a Ramón Rescuer aconsejando que eso únicamente gente como el inglés podían permitírselo. Y los demás no éramos más que aspirantes a medianías.

Pero no encontré esos aromas. Todo está más manido, tal vez demasiado bonito. No importa. Yo los he disfrutado con Ella, y volveremos. Lejos de la arena. Por el simple placer de disfrutar de una cala, simplemente con piedras y cuerpos desnudos.



Suena la corriente: "L'avventura" - Britta Phillips & Dean Wareham

jueves, 11 de agosto de 2005

Piedras para el lecho

Iba paseando, iba silbando, y me encuentro con el Río, casi seco. No, no lo había olvidado, pero las vacaciones son de casi todo. Miro el barco, sopeso si merece la pena remozarlo. Supongo que sí, en caso contrario, me arrepentiré, y no me gusta la marcha atrás.
Miro el interior, y me doy cuenta. Hoy hace dos años que este Río Rojo mana aguas. No siempre cristalinas, no siempre mansas. Pero aguas. Y dicen que en la red dos años es mucho tiempo. Una cosa más que me recuerda la edad.

¿Todo el mundo se ha vuelto viejo?
Did everybody just get old?
Me lo recuerda un viejo amigo recién reencontrado. Graham Parker sigue vivo. No, no le había olvidado. Pero hay presentes que dan miedo, ante los que uno prefiere no encontrarse, y mirar al pasado, tan grato, tan cálido, tan jugoso. Y mira por dónde, su nuevo trabajo, "Songs of no consequence" es digno, más que digno. Un buen disco de rock, tocado por esa fibra que siempre tuvo el gafas. Y rezuma humor. La edad no perdona, pero, ¿todos se han vuelto viejos?

No lo creo. Metido en esta irrealidad que supone trabajar cuando casi nadie lo hace. Pero me quedan los recuerdos de estas semanas. Me queda la música. Y quedan los olivos. Y queda el salitre. Y queda el mar. Y queda Ella.

Dos años. Sigo acumulando piedritas para el lecho.



Suena la corriente: "Songs of no Consequence" - Graham Parker

miércoles, 13 de julio de 2005

Días de asueto

Transparentes, para ser vistos por el viento en su pausada carrera. ¿Pero acaso eres capaz de sentir que el viento existe? Tiene que existir, en algún sitio estará escondido, esperando nuestro despiste, para azotar el rostro. Una y otra vez. De momento derrítete y desnúdate.

Que aquí ya está todo dicho. La jaula toma la ciudad. No, no quiero fotos. Porque quiero olvidarlo. No quiero los muros. Quiero marchar ya.

Y el Vaticano pide delito penado para el cliente del sexo de pago. Sexo sin amor, dicen unos. Amor de pago, dicen otros. Porque también se puede amar en camas de tránsito. Y ellos saben que no hay burdel de postín sin cura arrabalero entre sus clientes. Habla la voz de la experiencia (la de ellos, que es mucha).

Y todos se sorprenden. ¡Vaya con el vecino! Era un ser encantador. Simpático, bueno, trabajador, religioso. En esta sociedad de múltiples caretas, cada vez es más fácil el teatro. Algo se rompió hace tiempo. Todos perdemos.

Dices, pues vaya con las noticias, da gusto. Yo pongo música (hoy estoy raro) y me dedico a olvidar. Invadidos por la modorra y la nostalgia. Hasta el escribir es inconexo. Nada que decir. Nada que contar. En la escalera huele a coliflor recién hecha. Con gusto la rehogaba con unos ajos.

Ya nos vamos. Veremos si el barco queda varado o lo visitamos de vez en cuando. Entre trago y trago.

Que el viento sople.
Y que nos den.



Suena la corriente: "Dead man" - Neil Young

lunes, 11 de julio de 2005

El ventilador

Ya con las vacaciones a cinco días vista (menos, cada minuto que pasa), uno empieza a sentir un relajo por el que se deja llevar. Y en todo se nota. Incluso en estos papeles, que empiezan a extenderse por la mesa cargados de pereza, mientras el barco cada vez se detiene mayor tiempo en puerto, holgazaneando de taberna en taberna, compartiendo trago con músico de garito cutre, con mosca de bar, con borracho de barra.

La semana terminó con nuevas noticias sobre la irracionalidad de la existencia del ser humano. Irracionalidad aumentada por el desgarro de vestiduras ante lo que pasa en nuestras puertas, y la indiferencia ante lo que pasa en puertas lejanas. Uno se acostumbra de tal manera a nuestros abismos, que hablar de civilizaciones, ya sea para que choquen o se encuentren, me produce risa.

Así que ahí sigo, con cara de tonto. Viendo como cerca descargan Sonic Youth, pero prefiriendo estar junto a pieles más cercanas. Viendo como algo más lejos descarga Brian Wilson, pero prefiriendo estar junto a pieles más vivas.

Y soñando ya con decir, hasta aquí hemos llegado. No doy para más.

Joder, y nos vas a dejar sin la pregunta de marras?
No, qué va. Ahí va:
Oye, ¿y Acebito qué dice, te ha vuelto a llamar miserable?
Yo ya no escucho a los que demuestran ser lo que dicen.

El ventilador, ya se sabe. Distribuye aire, y congrega mierda.



Suena la corriente: "Daydream nation" - Sonic Youth

martes, 5 de julio de 2005

No pierdas el ritmo

Mira niño, que la música también habla. Y generalmente dice más que cientos de discursos. Que allá dónde vayas, mantengas los poros abiertos, te empapes y estés dispuesto a mover los pies. Baila con todas tus ganas. No olvides que el garito más oscuro de Santiago de Cuba siempre tendrá más luz que cualquier sol.

Niño, mantén los oídos atentos, y déjate llevar por el sonido de una trompeta. Allá donde veas sudor, piensa que son las lágrimas del alma, que goza al son del ritmo. Y no olvides que en cualquier burdel de Nueva Orleáns hay más vida que en miles de risas vacías.

Tú ya sientes que cuatro locos aporreando sus instrumentos son capaces de hacerte volar. Más que la mayoría de los libros. Más que la mayoría de los cuentos. No te creas que todo lo que te venden es cultura. Tus mayores saben mucho de mercado, su dios.

Sigue con tu mirada los ojos de un negro. Dos metros de humanidad, con las venas del cuello a punto de reventar y un saxo en las manos. Esos ojos te marcarán el camino más que cientos de catecismos.

Déjate llevar, niño, que todo se andará. No sueltes tus baquetas. Sopla esa armónica.
Y silba.
Y baila.
Y suda.
Son los otros los que están muertos.

(Para A. No pierdas el ritmo)



Suena la corriente: "El trombón majadero" - Generoso Jiménez

domingo, 3 de julio de 2005

Hablando sin palabras

Hay días en que sin proponérnoslo, nos hablamos sin palabras.

No nos importa que los artistas con más doble cara del planeta se den autobombo pensando en África. Tal vez sean sinceros. Pero no consigo creerles.

La música la ponemos nosotros. La nuestra, la de los que cantan y crean para nosotros. Porque tú sabes que eso es así.

Y unos cafés, unas manos, unas camisetas, unas miradas, nos bastan. No necesitamos más.

Ni menos.
Claro.



Suena la corriente: "Static transmission" - Steve Wynn