
Horas después de la muerte de Lou Reed, mientras escuchaba Satellite of love, era consciente que sonaba distinto, como nunca lo había hecho antes. Esa sensación de que la canción estaba cerrada, que ya su creador no volvería a darle una continuidad, a darle una vida distinta. Poco más o menos, Ignacio Juliá contaba así la sensación que todos hemos sentido alguna vez ante la marcha definitiva de alguno de esos autores que nos han dado canciones que forman parte de lo que somos. (...)