lunes, 13 de enero de 2014

A Perfect Night tributo a Lou Reed
Izar & Star, Kafe Antzokia, Bilbao (10/01/2014)
¿También vosotros visteis al hombre?


Horas después de la muerte de Lou Reed, mientras escuchaba Satellite of love, era consciente que sonaba distinto, como nunca lo había hecho antes. Esa sensación de que la canción estaba cerrada, que ya su creador no volvería a darle una continuidad, a darle una vida distinta. Poco más o menos, Ignacio Juliá contaba así la sensación que todos hemos sentido alguna vez ante la marcha definitiva de alguno de esos autores que nos han dado canciones que forman parte de lo que somos. (...)


Lo hacía durante la presentación de su libro Estragos de una juventud sónica, el pasado viernes por la tarde, en la Librería Cámara de Bilbao, acompañado de Eduardo Ranedo e impregnados ambos de ese inolvidable olor a libros. Sí, las canciones de Lou Reed, tal como las concibió en su momento, tal como las desarrolló a lo largo de su vida, están cerradas. Pero música tan libérrima como la del neoyorquino queda ahora en manos de todos los que acudimos a ella desde diferentes ópticas, desde la posición del oyente, desde la del ejecutante, desde la del transformista, pero siempre estableciendo la doble dirección de dar y recibir. Continuamos recibiendo de ella la emoción de aquel primer momento, aumentada por la evocación del que ya no está, y es ahora cuando nosotros mismos vamos alimentándola.

Esa es en definitiva la esencia misma de un ciclo como Izar & Star. Una iniciativa que ha conseguido convertirse en piedra angular del movimiento musical del País Vasco. Unos músicos dando nueva vida a las canciones que les llevaron a ser lo que son. Por ello, tampoco es tan extraño que la sala estuviera llena, que hubiera gente que quedara en la calle sin posibilidad de conseguir una entrada, que por allí se citaran músicos, escribas, oyentes, asiduos la mayoría a la irrefrenable magia del rock en directo, una magia que, en el caso concreto de la Perfect Night anunciada, había empezado a sentirse desde muchos días antes. Una magia sobre la que nunca tienes la seguridad de su presencia, pero que hay que trabajarla y mimarla. Y es ese trabajo y mimo de todos los que consiguieron que la empresa llegara a su mejor término el que agradecemos los oyentes. 

Porque esa aura mágica es la que hizo que no pocos sintiéramos la socarronería del viejo Reed paseando entre la sala, al viejo cabrón compartiendo tragos de más, rasgando notas entre los músicos que revivían sus propias canciones, apoyado en la pared con una irónica mueca en la boca mientras disfrutábamos de la fiesta y pinchada posterior, mientras Juliá nos regalaba la primera grabación conocida de un Heroin pre-Velvet, mientras Ranedo e Iñaki Orbezua llegaban a la esencia misma de la música de una ciudad, Nueva York, que el viernes transmutó el Hudson por el Nervión.

Ahí estaba el viejo gruñón, mientras Maite Mursego euskaldunizaba el Walk on the wild side entre loops vocales, flautas y magia, acariciaba I’ll be your mirror o se encarnaba en Nico para que ésta al fin cantara un Venus in furs que siempre le abrigó y nunca entonó. Cómo no iba a sonreír el viejo ante tal ejemplo de delicadeza. Y ahí estaba él mientras Kirmen Uribe recitaba Candy says y se hacía acompañar de la guitarra de Petti para encarar el Dirty Blvd., él que siempre se sintió poeta, y lo fue. Y estuvo mientras Petti y Romeo had Juliette, y no se movió para ver cómo Sonic Trash sí, tienen el canon de la Velvet en su sangre, pero es que David y compañía tienen el canon del rock’n’roll en los genes, capaces de engrandecer lo que se les ponga por delante, por eso alcanzaron la emoción con Run run run, el calor con White light/White heat, rockearon con Hangin’ round o no dudaron enfrentar una Heroin como si fuera suya. Sí, eran suyas mientras él reía. Y esperaba que Carolina y Jim volvieran a odiarse y amarse entre chute y chute cuando Rafa Berrio cantaba con banda una intensa, eléctrica, recitada Lady day. Un Berrio del que dentro de años se recuperarán sus dos últimos discos para considerarlos obras fundamentales, de culto, como tantas veces hacemos, obviando el presente disfrutable, un Berrio que a su vez recuperaba los callejones de Berlín con el inmenso final de Caroline says, nos explicaba How do you think it feels mientras nos emocionaba o dirigía los coros que crecían y crecían, sad song, sad song, somebody else would have broken both of her arms, sad song, sad song… Y el viejo presentaba directamente a Doug, Sally, Rosie, Miss Rayon, Caroline, Cecil y demás fauna a Hermana Raya para que hicieran honor a su nombre, más de un cuarto de hora de Sister Ray, Rober! Atom Rhumba, Karlos Lisabö, cuatro baterías en escena, bordeando el peligro. Y el viejo no se cansaba y pedía más, y We Are Standard demostraban que más allá de la lejanía estilística que mantengamos con ellos, son una más que excelente banda tanto en lo suyo como siempre que encaran a otros, por eso se mecen en Ocean, en All tomorrow’s parties, en Pale Blue Eyes, y saben hacerse encajar el anillo al dedo con un Vicious, entre venas y riffs… 
Antes de cerrar la fiesta, con invitados, como no podía ser de otra manera, Esperando a nuestro hombre.
Que ahí estaba, apoyado en la columna.
Lo vistéis?

Suena la corriente: "I'm waiting for the man" - The Velvet Underground

2 comentarios:

  1. Anónimo4:54 p. m.

    Yo no estuve pero lo estaba viendo ahora mismo sintiendome parte de la noche mientras leía esta estupenda crónica. Gracias Mr Redri por acercarnos tan cerca a ello. Abrazote

    Manolo Granpa

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    1. No sabes bien cómo lo hubieras disfrutado, querido Granpa...
      Cuídese, señor

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