
Y estalló el pogo. El puñetazo malencarado de Sea of Blasphemy y un himno juvenil, cantable y bailable como Family Tree, fueron suficientes desde el principio para crear un enorme hueco en la platea, ese en el que los cuerpos se empujan, arrastran, mojan, un pogo directo, violento, de arcana ascendencia y arcaica procedencia, como en aquellos 80 (que parecía que estábamos viendo a Larsen!), espoleado por unos guiris, seguido por más de un local, (...)