miércoles, 17 de febrero de 2016

Cian Nugent
Night Fiction (Woodsist, 2016)
Restos que suman


La propia gramática parecería indicar claramente que un cantautor es aquel autor que canta sus canciones. Bien, pues bienvenida al mundo de los cantautores una nueva voz como la de Cian Nugent, que al menos en el mundo de los autores y los guitarristas ya tenía un consenso amplio a su alrededor: el irlandés era capaz de traer a la memoria a guitarristas históricos del nivel de Bert Jansch o John Fahey. (...)


O Richard Thompson, podríamos añadir. O un ahora celebrado Steve Gunn, con quien Nugent ya había girado y actuado. Y esperemos que con este Night Fiction alcance al menos el mismo nivel de atención otorgado a Gunn. Porque lo merece, porque iguala o incluso supera su capacidad técnica como guitarrista, y porque es capaz de entregar un ramillete de siete canciones largas, 42 minutos totales, y brillantes como soles. Si uno escucha Lucy, seguramente cree comprender, entender y admirar de dónde viene el de Dublín. Y efectivamente, Lucy es la única composición instrumental del disco en un autor que hasta ahora lo era porque no había dado el salto a la utilización de la voz. Pero ahora lo hace, y con resultados notables en el escenario final de la canción, que es donde debe medirse una excelencia. Y entonces podemos escuchar una y otra vez una delicia como Things don’t change that fast, porque es puro pop, es pura suavidad, es un bocado capaz de dejar huella imperecedera, es algo que no necesita melodía porque la lleva de marca, que no necesita delicadeza porque la tiene intrínseca, que sólo necesita que la escuches una vez, que la interiorices un momento, para que crezca como lo que es. Una joya. Vamos, que Cian Nugent podrá ser un mago de la guitarra, podrá haber hecho carrera con composiciones instrumentales, pero si no llega a dar el paso de implicar a su voz, de lanzarse a esta Night Fiction, nos habríamos quedado sin esa joya pop de Things don’t change that fast.

Y eso que el valor de Lucy ya era suficiente. O el de todo lo que va sonando a lo largo del disco. En el que bien pueden confluir resabios de Grateful Dead, hasta de Allman Brothers, en las guitarras de Lost your way mientras la canción en sí la podría haber firmado Lloyd Cole, o se lanza hacia ensoñaciones de puro glamour del estilo de Shadows, toques jazz en Nightlife y, sí, un espíritu que lleva directamente a la esencia de Television o Velvet Underground. Los casi doce minutos de Year of the snake son pura cabalgada psicodélica, de experimentación sensorial, y la rítmica atonalidad de First Run nos lleva a Tom Verlaine, mientras órganos y violas empapan todo del sabor de otra época. Y es que la compañía de su banda, The Cosmos, con excelente y adecuado nombre, la producción certera del miembro de Girl Band Daniel Fox y la edición del disco por un sello como Woodsist, que parece tocar sólo lo que merece la pena, echan el resto.

Un resto que lo que hace es sumar.

Suena la corriente: "Things don't change that fast" - Cian Nugent



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