lunes, 7 de julio de 2014

John Fogerty
Músicos en la Naturaleza, Hoyos del Espino, Ávila (05/07/2014)
La magia entre pinos


La magia tiene sus propios vericuetos en los que aparecer, ella, tan altiva y compleja, tan cercana y a la vez inaprensible. Puedes esperarla un momento, un día o una vida, y puedes encontrarla o pasar ese momento, día o vida como el que busca eternamente a Godot. Y aún así, nunca será tiempo perdido. Porque el propio poder de la magia reside en su capacidad de jugar con uno mismo, de presionar la tecla particular y personalísima y hundirte en la más embriagadora de las sensaciones.(...)


No deja de ser una puta droga, que al igual que las químicas o naturales, no afecta a todos de la misma manera. En el mismo lugar, tiempo y estado, unos la habrán encontrado y para otros no habrá siquiera llamado a la puerta. Es su esencia y su poder, su magnetismo y su altanería.

Y podrás encontrarla en un entorno como el de la sierra de Gredos, en un pueblito como tantos otros, perdido y embaucador, como Hoyos del Espino. Y en un escenario montado entre un bosque de pinos. Y en un artista que es en sí mismo la esencia viva de la música americana, esa que tantos sabores y sinsabores es capaz de provocarnos a algunos, esa que de una u otra manera ha marcado nuestras vidas desde el mismo momento en que la conocimos. Pero más allá de eso, puedes encontrar la magia en la propia médula de la música popular moderna, las canciones. Somos de los que vivimos por ellas, por unas canciones que no son temas, por unas canciones que no son tratados de historia, por unas canciones que no son biografías ni autobiografías. Pero que a la vez son todo eso y mucho más. Son canciones y quien quiera o pueda entender su esencia sabe que puede recibir su magia. 

Y que un concierto comience con Travelin’ Band, Green River y Who’ll stop the rain es magia pura. Es comenzar con el rock’n’roll eterno, con la agonía del blues, con la ampliación de horizontes del folk. Es saber que tienes en la mochila un cargamento de magia hecha canciones. John Fogerty lo sabe, y por eso sale a escena mientras suenan los acordes de Almost Saturday Night. Bien, nos va a ofrecer una simple noche de sábado, como él mismo dijo, we are here just for rock’n’roll. Solo eso, noche, sábado y rock’n’roll. Pero uno siempre ha creído que esas tres cosas conforman la auténtica santísima trinidad, porque siempre han tenido el poder sanador de la magia.

Y a partir de ahí, todo son CANCIONES. No se puede escribir sin mayúsculas. Porque la Creedence Clearwater Revival son en sí mismo el concepto encarnado del vocablo. Porque pocas veces ha habido en la historia mayor conjunción en tan poco tiempo de todas aquellas ramas, pop, rock, blues, country, folk, que conforman el ideario espiritual de un país y de la música que parió y a su vez le alimentó. Born on the bayou vuelve a buscar la humedad del pantano y Lodi suena extraña, mucho más sucia y agresiva que la original placidez a la que se enfrenta el músico varado en un pueblo perdido, esta vez americano, tomada directamente de la reciente revisión que Fogerty hizo junto a sus hijos Shane y Tyler en su último disco y grabada en Abbey Road.

Con Ramble Tamble se sumerge en un boogie capaz de envolver su inolvidable toque de guitarra en un desarrollo que bebe de la psicodelia, el acordeón nos introduce en una endurecida Lookin’ out my back door, Hot Rod Heart es la pura road movie del vagabundo que va de plaza en plaza tocando su canción, Penthouse Pauper es el blues del negro que sufrió pero engrandeció el Sur y Susie Q resume a la propia Creedence, al propio Fogerty, al propio rock, sabiendo que su autor, Dale Hawkins, fue uno de los pioneros, lanzándose a una versión más cercana a la extendida de su disco debut y no a la más corta que el single y el recopilatorio Chronicle hicieron mundialmente famosa. Y la magia seguía fluyendo. Y te da la puñalada trapera del gozo por el gozo de la tradicional Midnight Special, que siempre pareció suya porque vive y nace de las mismas fuente que el Sur de su país, tan aterrador en su historia como fascinante en su mitología, el tren que recorre lo mejor y lo peor del ser humano y lo canta a modo de celebración; en Mystic Highway nos dice dónde está y a dónde va, y nosotros, que estamos ahora con él, sólo soñamos con seguir acompañándole, y sabemos que en el fondo es un negro más de los que sufrió y lo canta con gozo, cómo si no podría ponerte de nuevo los pelos de punta como lo hace cada vez que suena Long as I can see the light, cómo si no podrías cerrar los ojos y llorar por Otis y tantos otros, por todos aquellos que nos hicieron sentir vivos; y pasar de un salto al aire libre del mejor country-pop-blues, un Cotton Fields de Lead Belly que tiene su esencia cantada y bailada en pleno bosque, soñando que tenemos una libertad que sabemos en el fondo que nos han arrebatado. Pero borramos el desasosiego sintiendo la lluvia de Have you ever seen the rain, y soltando una vez más lágrimas reales. Las que no podemos contener porque estamos ahí, viendo, por primera vez en nuestro caso, a una de las personas sin las que no seríamos lo mismo.

Y porque sabemos que aún queda la explosión final. La que anticipa un New Orleans de uno de los más grandes, un Gary U.S. Bonds que baila la esencia del Mississippi, y que enfrenta directamente a otra pasión de Fogerty, el hard en el que envuelve un Keep on Chooglin’ presentado con punteo guiño a AC/DC, para hacerlo cabalgar a ritmo de boogie peleón, duro, seco, con armónica y solo de batería incluido. Hay algún pero?  Siempre lo hay si uno busca. Estamos viendo a Fogerty acompañado de una banda de excelentes músicos de sesión más su hijo Shane, que al contrario que su padre, con innumerables cambios de guitarra, apenas abandona su Rickenbaker. No es la Creedence Clearwater Revival, claro que no lo es. Su hermano Tom nos abandonó ya hace 24 años, y la base rítmica que componían Stu Cook y Doug Clifford (con los que Fogerty, según ha declarado, no abandona la idea de volver a juntarse) tenían un desarrollo orgánico que ahora falta en muchas ocasiones. 

Pero como digo, es Fogerty, es el alma, el principio y el fin de lo que fueron y de lo que él mismo es. Y queda la bomba final. Quién puede terminar un concierto soltando el puro bubblegum de Down on the corner, el éxtasis de Up around the bend, un The old man down the road dejando lucimiento a su hijo y un Fortunate Son que hoy mismo suena tan rebelde, tan contestataria contra esa parte de la humanidad cuya existencia simplemente nos sobra pero que se empeña en pisarnos?

Pues alguien capaz de soltar un bis resumiendo toda una filosofía de vida. La suya y la nuestra. O la suya y la mía. La hermandad de Rockin’ all over the world, la naturaleza desatada de Bad Moon Rising y el simple orgullo de sentirnos vivos aunque cambiemos de vida, de lugar, de gente, porque Proud Mary nos recuerda que él con 69 años, nosotros con 20 menos, pero tanto él como nosotros, a pesar de todo, incluso de nosotros mismos, aquí estamos.

No sé por cuánto tiempo. Pero estamos.

Suena la corriente: "Bad Moon Rising" - Creedence Clearwater Revival

7 comentarios:

  1. Afortunado. solo la posibilidad que tiene el Sr Fogerty de un set lists de infarto permite señalarlo como uno de los más grandes del r'n'r

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    1. Es que lo es sin duda. No hay más que ver lo que se dejó en el tintero a pesar de lo que sonó. Sí, muy afortunado.

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  2. Preciosa reseña.CANCIONES, hablemos de ellas , lo demás no importa nada.Me alegro tanto de que la magía te tocará en el bosque, te lo mereces tanto. Un abrazo, me hubiera encantado llorar con vos en la que ya sabes, la de homenaje a Otis, la de la Light, la luz que da un repertorio insuperable.Ya me contarás todavía más detalles.

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    1. Sabes que hace justo un año otra magia de otro pueblo y otro bosque nos rodeaba igual. Todo ello estuvo muy presente, como ese Light en el que hubiéramos llorado juntos. CANCIONES. Sólo eso necesitamos, y nada menos que eso... (te contaré)

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  3. y como sonaron esas CANCIONES... madre mía, entre 12000 almas era imposible vernos, además de que llegamos desfasados uno y otro. Lo de este hombre es increíble, es un tipo feliz y se le nota, y a nosotros se nos pone la piel de gallina. No se puede pedir más.

    Abrazos.

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  4. Para los que no pudimos asistir es un disfrute imaginar esa mágica experiencia entre pinos con la lectura del presente. Abrazo my Lord of RR.

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  5. Anónimo7:00 p. m.

    Yo saqué la misma conclusión, me quedé con las canciones y me olvidé de todos los "peros" del festival.Un repertorio que derrotó a los móviles,al mal sonido y a la mala organización.

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