martes, 2 de julio de 2013

Azkena Rock Festival 2013: Día 2
El día del sonido mofro y enemigo


*Fotos: MusicSnapper, vía LastTour

Afirmaban aquellas voces agoreras que la segunda jornada del Azkena Rock Festival 2013 quedaba lastrada de principio, descabezada, falta de gancho. Por aquí siempre hemos sido gente extraña, que a veces no tenemos lugar en el mapa, y destacábamos al menos siete bandas frente a las que no dudábamos que íbamos a estar. Varias de ellas no defraudaron lo más mínimo y dejaron el regusto de las grandes jornadas de rock. (...)


Apenas un sorbo de Troubled Horse, banda paralela de algunos miembros de Witchcraft, sonidos pesados escuela 70’s, más hard blues que aquéllos, sin excesivo interés en el Río.

Los valencianos Los Zigarros presentaban su primer lp, y su rock’n’roll de escuela stoniana pasado por el tamiz castizo de Tequila resultó refrescante para las primeras horas de la jornada. Centrados en las canciones más rítmicas del disco, conseguían lo que parece su meta: pasarlo bien a golpe de guitarras. Tienen esa conexión con sonidos argentinos que representan en el No obstante lo cual, del gran Pappo, y su sentido lúdico queda reafirmado con la despedida a golpe del Bailaré sobre tu tumba de Siniestro Total.

Lo que sabíamos, intuíamos y habíamos anunciado que podría ser uno de los conciertos del festival tuvo su confirmación en cuanto JJ Grey comenzó a cantar y su banda Mofro a tocar. Practican lo que ellos mismos llaman sonido mofro, que no es otra cosa que la pasión pasada por el soul sureño, el funk de raigambre blues, los toques improvisados del jazz, el sabor de la música negra americana. JJ Grey tiene una garganta portentosa, con la lija del gaznate etílico, y los músicos que le acompañan, incluida sección de vientos, ofrecen ese aire de disfrute con lo que haces y cómo lo haces. Si en Your lady, she’s shady marcaron un espléndido duelo de guitarra y saxo, canciones como Somebody else o Brighter days, aún siendo puro soul meloso, aún interpretándolas a plena luz del día, consiguen ese punto cercano, o directamente llegado, a la emoción. Pero JJ Grey demuestra ser también un buen guitarra, y ese 99 shades of crazy de su último disco, This river, se erige como pelotazo lleno de sudor y feeling. Creídos, bailados y sudados a las siete de la tarde, queda sentirlos a las doce de la noche. Esperemos que más pronto que tarde.

Pseudónimos personales son los que adoptan los componentes ingleses de Uncle Acid & The Deadbeats, otorgando ese halo de misterio que tan bien sienta a su propuesta. Que no es otra que divagaciones psíquicas sobre guitarras distorsionadas y lisergia ralentizada. Así, como quien no quiere la cosa. Aunque tal vez fueron de más a menos, el colchón guitarrero sobre el que descansan bien ayuda al viaje.

Si hay un grupo de rock español que hubiera encajado como un guante de cuero en cualquiera de las doce ediciones del Azkena Rock, esos son Los Enemigos. Josele ya había actuado en solitario hace unos años, pero ver a la banda madre, plena de rock, de fuerza, de canciones como soles, en pleno Mendizabala, producía algo parecido a la emoción. Y como si ellos lo supieran, se arrancaron con uno de los conciertos del día y del festival. Que Desde el jergón o Septiembre son historia viva aún del rock nacional ya lo sabíamos, pero interpretadas como lo hicieron no hacen otra cosas que reafirmar la necesidad de esta revuelta Enemiga que podemos disfrutar actualmente. Complejo o Antonio dan ese toque de casticismo chuleta en el que son maestros, Señora siempre parecerá escrita para ellos y dedicar John Wayne a James Gandolfini sonaba coherente y sentido. Coherencia es que por fin les hayamos visto en Vitoria.

Coherentes también serán los desarrollos guitarrísticos en los que profundiza Warren Haynes en su encarnación Gov’t Mule. Y podemos asegurar que más de una vez hemos disfrutado de lo lindo de ellos. Pero nos sorprende que siempre lo hagamos más en grabaciones sobre nuestro reproductor que en directo, donde debería estar el fuerte de una casi jam band. El sonido no acompañó, ni esa distante actitud de Haynes, y sin negar que son fieles a su ideario, que canciones como Thorazine Shuffle tiene su más que atractivo, ni siquiera esa revisión personalísima del Love me do consiguió captarnos. Y dado que esto ha ocurrido ya en más de una ocasión, será cuestión de preguntarse, o tal vez mejor olvidarse y pasar a otra cosa, el porqué de esta desconexión personal.

El mismo tono épico que en ocasiones puede llegar a convertirse en un lastre para sus grabaciones, como ocurre en su último Handwritten, en el directo de Gaslight Anthem funciona  a las mil maravillas. Brian Fallon siempre ha parecido más interesado en la composición de himnos que de simples canciones. Esa amistad trabada con Springsteen seguramente influirá en su objeto de deseo, pero debería aceptar que como aquél, con su trayectoria, pocos hay. Y a pesar de los pesares, solventaron la papeleta de manera más que digna, porque fue un señor concierto. Su música sí es de estadio, y canciones como “45”, Here comes my man o Stay lucky poseen los suficientes ohs y shalalás apropiados para el coro. Pero la interpretación es sentida, Fallon te convence de que cree en lo que hace, y además, lo hace con humildad. Y no olvida ese otro alma que mima, el que le acerca a los Ramones y el punk a fuerza de energía y melodías. Versionando a éstos y los Who consiguen lo que parecía una incógnita de antemano: convencer.

Y cerraba la tanda de interés (lo poco que escuchamos de Walking Papers no nos dijo mucho, a pesar de que sabemos que las alabanzas están siendo más que continuas) el señor Speedo y Rocket from the crypt. A ver, son lo que son, desparrame a ritmo de rockabilly desquiciado, rock alocado entre el clasicismo y el garage, indumentaria conjuntada como las viejas orquestas country, ganas de fiesta, justo lo necesario para poner punto y final a las tantas de la madrugada. El sonido no estuvo muy a la altura, aunque tampoco creemos que eso les importara mucho. Eso sí, la voz de Speedo pudimos apreciarla mucho más cuando hablaba que cuando cantaba, ya que las parrafadas que se soltó fueron de órdago.
Lo dicho, fin de fiesta.
Hasta otra.

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