
Más de una vez hemos comentado el imperecedero espíritu lúdico del rock’n’roll. Ése que lo único que pretende es que olvidemos las horas grises (casi todas) que nos vamos comiendo durante la semana para que, al menos durante un momento, podamos decir y sentir que toda esta historia tiene algún sentido. Y si no lo tiene, al menos que no seamos conscientes de ello durante un par de horas. Rock’n’roll de fin de semana, bien lo saben los garitos americanos. (...)