El año pasado se publicó un delicioso disco, de nombre Don’t weigh down the light, lleno de canciones de corte folk, íntimo, con las suficientes gotas de aquella psicodelia que alegraba los cantos de la década de los 60. Un disco que pasó más desapercibido de lo que merecía, seguramente por ir contra la corriente imperante. Incluso desde este Río, aunque sembramos alabanzas hacia él en redes sociales, dejamos escapar la marea y no le dimos el espacio que hubiera sido adecuado. Un disco firmado por la cantante Meg Baird. (...)
