jueves, 27 de marzo de 2014

Doug Paisley
Strong Feelings (No Quarter, 2014)
El arte de diez nuevas canciones


Son tiempos estos en que la búsqueda de texturas, ambientes, sonidos que plastifiquen lo que uno tiene en mente llenan más de una boca. Y vacían u ocultan cabezas frente a la simple creación de una canción. Escudamos incapacidades en conceptos de búsqueda, cuando la esencia suele estar, las más de las veces, en lo próximo, lo cercano, lo íntimo, lo sensible. (...)


Strong Feelings podría haberse grabado hace cuarenta años y sonaría tal y como lo hace la música de Doug Paisley ahora mismo. Pero también podría haberse grabado dentro de quince, que a buen seguro, el de Toronto hubiera entregado la misma obra. No hablamos de retro, porque las sensaciones que transmite son eternas. No hablamos de calco, porque las canciones tienen personalidad vocal, instrumental, lírica y melódica. No deberíamos de hablar de ningún alt, ni country, ni folk, ni pop ya puestos, porque la alternativa no está en los sonidos en sí, sino en la intimidad de diez canciones que alcanzan, como si la cosa no fuera con ellas, los puntos sensibles que a uno le hacen amar una música.

Pareciera que Paisley comprende perfectamente la futilidad de la vida, la omnipresente mortalidad, el punto exacto de una relación entre personas que puede describir tanto el momento del apogeo como el inicio del adiós, la melancolía llevada a primer término y, sin embargo, embriagadoramente positiva. Son temáticas clásicas de las músicas que nacieron de las clases más desfavorecidas, aquellos blues y countries que describían las penurias del corazón porque al menos esas eran nuestras, las habíamos creado nosotros, frente al desfallecimiento vital al que nos llevaba la sociedad.

Son sentimientos profundos a los que interpela este disco, nunca mejor titulado. Son simplemente diez nuevas canciones, dice el propio Doug Paisley con la humildad con la que las encara. Esa humildad de las notas de piano que anuncian el inicio de Radio Girl (en un comienzo y estructura que, cambiando piano por guitarra, tanto recuerdan al Mesabi de Tom Russell), unas notas que nacen de los dedos de Garth Hudson, uno de los cinco magníficos de The Band. Porque aquí hay canciones que podían haber firmado éstos y que hoy tendríamos como clásicas. Unos pianos y una primera estrofa que marca todo el disco: I turned the radio on 25 years ago, they were playing your song, porque eso es en lo que se convierten, en tus canciones, en nuestras canciones. Entre el country-rock, entre el sonido puramente americano que tantas veces los canadienses han entendido mejor que los que se apropian del término. El dulce y meloso manto lleno de alma que embriaga con el órgano de Song my love can sing, con una melodía pop tan profunda como la de It’s not too late (to say goodbye), espléndida en esa línea de guitarra que empapa toda la canción. La delicada intimidad de Our love y Old times, que deriva en barra de bar con letargo jazzístico en What’s up is down, entre el piano y esos saxos que cubren las voces de Paisley y Mary Margaret O’Hara, de la misma manera que en Because I love you se desnudan completamente para cantarse en una little song. Unas Growing Souls y Where the light takes you que vuelven a aunar el alma pop, country, folk y soul, sin olvidar la energía arrastrada de To and Fro, llena de la épica del rock de praderas y horizontes.

Cada año esperas que llegue un disco así, uno de esos con canciones que puedas hacer tuyas de inmediato, porque parecieran escritas directamente para ti.
Y posiblemente, lo estén.

Suena la corriente: "It's not too late (to say goodbye)" - Doug Paisley


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