martes, 17 de septiembre de 2013

Bob Dylan
Another Self Portrait (1969-1971) The Bootleg Series Vol. 10 (Columbia / Sony Legacy, 2013)
Greil Marcus estaba equivocado


*Autor: Jaime G. López "Desperdicios"

No deja de sorprender que más de cuarenta años después de su publicación, Self Portrait (1970) siga siendo objeto de polémica, esta vez a través de su revisión en el décimo volumen de las Bootleg Series. Parte de la vieja guardia dylaniana se pregunta por la necesidad de revisar un trabajo vilipendiado por la crítica de la época, por dos motivos: de un lado, su imposible comparación con las obras maestras esculpidas por Bob Dylan en la década de los 60. (...)


Por otro, el hecho de echar mano de canciones ajenas, bien tradicionales de folk o, aun peor, contemporáneas composiciones pop (The Boxer, Let it Be Me) y, para terminar de cerrar la sensación de ser un disco menor o cajón de sastre, grabaciones de su directo en la Isla de Wight. La sentencia del influyente critico Greil Marcus en la entonces aun más influyente revista Rolling Stone fue clara: titulaba su crítica con un sonoro "¿Pero qué mierda es ésta?". No lo negamos, habríamos pagado por ver la cara del bardo de Duluth al leer semejante titular. Lo que es claro es que reaccionó rápido, antes de terminar aquel 1970 publicaba New Morning, con composiciones propias recuperando parte del crédito perdido.

Pero es que todo no es como parece. Los que no vivimos aquellos vibrantes años, no recibimos aquel Self Portrait como un bofetón del Zar de la disidencia, de quien se esperaba siguiera guiando la protesta, y visto en perspectiva, este trabajo parece un paso natural en aquellos años de retiro familiar y sonidos campestres.

Recapitulemos. Con la edición en el 66 del mercurial Blonde on Blonde, Dylan no solo da por finalizada su revolución eléctrica, sino que personalmente y, seguramente por motivos de formar una familia, decide que es tiempo de poner tierra de por medio y abandonar el liderazgo al que le ha aupado la contracultura sin su consentimiento. Lo demás ya es historia, un accidente con su Triumph Boneville por los tranquilos parajes de Woodstock le sirve de excusa para la bomba de humo y desaparecer tras haberse despojado de las cadenas con las que le habían atado cual moderno Houdini. Su disco de reaparición, John Wesley Harding (1967), supuso un paso atrás frente a la revolución eléctrica del periodo anterior. Sus sonidos y atmósferas campestres marcaban las bases de la producción discográfica que estaba por venir en la siguiente década. Con el siguiente Nashville Skyline (1969), Dylan se escora al country antes de que una legión de músicos californianos o afincados en su soleada costa se apunte al invento de revisitar o mezclar el rock con el viejo country. Estamos ya en 1970 y Dylan toma un respiro con la publicación de Self Portrait a la vez que prepara un nuevo trabajo de canciones propias, New Morning, en la senda marcada por sus anteriores publicaciones. Sí, claro, aquel disco no fue la rápida respuesta de Bob a las críticas que recibió Self Portait, sino el siguiente eslabón en la cadena ya en desarrollo. Una vez más, sonidos campestres e instrumentación acústica y minimalista. La banda sonora de Pat Garrett (1973) y el reencuentro con The Band en Planet Waves de 1974, repetirían esquemas. Se aconseja la escucha del volumen 2 del recopilatorio Dylan que en caja roja Columbia editó recientemente en nuestro país, algunas de las grabaciones aquí mencionadas se suceden formando un todo bastante homogéneo como consecuencia de la coherencia instrumental de las grabaciones de aquellos años y a pesar de las diferencias obvias entre los discos. Por tanto, ese argumento sobre lo  pobre del sonido de aquel disco no parece coherente, antes y después del mismo repitió esquemas sonoros. La electricidad ya había sido abandonada tiempo antes y tardaría en volver.

Y respecto a la calidad de las canciones allí incluidas, pues bueno, cierto es que en su mayoría no son composiciones de Dylan, pero son grabaciones tradicionales de folk seleccionadas por éste. Tanto con su primer trabajo, como con su vuelta al cancionero folk tradicional a primeros de los 90 con los discos Good as I been to You (1992) y World Gone Wrong (1993), como a través de sus cientos de versiones en vivo, ha demostrado tener un gran gusto en sus selecciones además de haber actuado como continuador y perpetuador de aquella música tradicional en la que hunde sus raíces. Por cierto, aquellos dos discos ajenos tras la dura travesía en el desierto de los 80 fueron excepcionalmente bien recibidos, a pesar de tratarse también de revisiones ajenas. Por lo que el argumento sobre la calidad de la selección de aquellas canciones, visto hoy en perspectiva, tampoco parece tener mucho sentido. 

Eso sí, nada podemos decir sobre algunas de las canciones propias incluidas, como esa hipnótica All The Tired Horses con la que abría el disco. El único tema grabado por Dylan en su carrera, instrumentales a parte, en el que no es su voz la que se escucha sino la de sus coristas. Entendemos cierta confusión ante esos ejercicios para despistar a su legión de seguidores.

Y revisados los antecedentes históricos, veamos qué es lo que nos trae este Another Self Portrait que viene cargado de sorpresas.

Por un lado, y abonándose a la nueva teoría oficial, este bootleg recoge las grabaciones de esos temas folk con la desnudez con la que fueron grabados. Originalmente, Dylan se juntó en Marzo de 1970 con el guitarrista David Bromberg y su protegido Al Kooper en los estudios de la discográfica Columbia en Nueva York para construir el esqueleto de estas canciones que aquí se nos muestran tal y como fueron grabadas en aquel estudio. La revisión actual de la historia, narrada por el mismo Greil Marcus (Dylan y su tropa no dejan ningún detalle al azar) nos cuenta que aquellas cintas fueron llevadas posteriormente a Nashville por el productor Bob Johnston para realizar sesiones de overdubbing (grabación de instrumentos y arreglos encima de una grabación existente) y que allí la cosa se les fue de las manos hasta llegar a los desastrosos arreglos orquestales que adornan parte del material y del que renegarían sus seguidores. Umm, teoría difícil de tragar teniendo en cuenta el férreo control que Dylan ha tenido siempre sobre su obra, desde luego se trataría de un abuso por parte de Columbia que además, a tenor del resultado y recepción, supondría un error de tremenda magnitud.

En cualquier caso, esta nueva revisión de la historia nos permite enfrentarnos a estas grabaciones tal y como fueran concebidas, con una desnudez instrumental que, lejos de empobrecerlas, engrandece las interpretaciones de Dylan y los dos músicos acompañantes. ¿Y qué decir de la labor del guitarrista David Bromberg? Se erige en estas grabaciones como un gigante que parece encontrar siempre el arreglo perfecto con el que seguir las evoluciones de Dylan. Es un placer escuchar su guitarra en temas como Went to see the Gipsy, Pretty Saro, Tattle O’Day o Days of '49, con su guitarra acústica llena de matices. Cuando quiere echa mano de arreglos de estilo de corte folk, country y blues y otras resulta más personal dejándose llevar por el feeling de la interpretación. Dylan parece querer pasar desapercibido y no interferir con la canción, acompañando con guitarra rítmica su característica voz nasal, limpia de sustancias tan propias de aquellos años. La presencia de Al Kooper al piano u órgano se centra en algunos temas de aquella sesión, como Alberta, House Carpenter o Copper Kettle, donde ejecuta con maestría arreglos siempre en un segundo plano aunque cubre y rellena sin que te des cuenta.

Pero no se trata solo de una revisión del ya mencionado disco maldito, sino que recoge grabaciones anteriores y posteriores a aquél. Así, por orden cronológico, tenemos revisiones del Nashville Skyline con tomas alternativas de I threw it all away o Country Pie.

Brillantes revisiones del New Morning como ese Time passes slowly junto a su amigo George Harrison a la guitarra y coros. Y una nueva y arrebatadora versión del tema que daba titulo a aquel disco, que en contraposición al tratamiento de desnudar el Self Portrait, en este caso nos muestra el tema con el ropaje de instrumentos de vientos que dan nuevos bríos a una canción que parecía difícil de mejorar. O ese If not for you con piano y violín que engancha y sorprende a la primera escucha.

También hay inéditos de la época como Only a Hobo, que algunos años después inmortalizaría Rod Stewart. De las Basement Tapes, como Minstrel Boy, que recupera a los grandiosos The Band, que tienen participación doble con la inclusión de dos nuevos temas del mítico directo de la Isla de Wight del 69. En concreto el country I’ll be your baby tonight y una versión contenida y no tan electrificada del Highway 61 revisited.

Estilísticamente, aparte de lo comentado ya, el disco es bastante rico. Hay country folk (Little Sadie e In search of Little Sadie), baladas (Spanish is the loving tongue),  talkin’ blues (If dogs run free), rock enérgico (Time passes slowly #2), canciones desnudas al piano (When I paint my masterpiece), country (Wallflower) o gospel (Bring me a little water).

Conclusión, lejos de encontrarnos ante un receptáculo para los detritos del bardo de Minnesota, este trabajo resulta altamente interesante. Tanto por la calidad de los temas y su interpretación a veces desnuda, otras arropada por muchos de los mejores músicos de la época, como por el hecho de pretender mostrar cómo deberían haber visto la luz aquellas grabaciones, en el caso de las canciones de Self Portrait. Se trata de un trabajo que merecía ver la luz. El mayor argumento de algunos de sus más iracundos seguidores es que existe material muchísimo más interesante donde indagar. Si bien no lo dudamos, suponemos que el orden de aparición del mismo no afecta a la calidad o disfrutabilidad de lo editado en cada momento, ¿verdad? Además ya tienen ese concierto de la Isla de Wight, parcialmente inédito hasta ahora, como disco extra en la edición de lujo. Mientras tanto, dejadnos a los demás escuchar esas gemas escondidas de su discografía. Aunque su presente resulte gratificante, a veces su pasado más vilipendiado nos resulta más interesante.
*Autor del texto: Jaime G. López "Desperdicios"
Suena la corriente: "Pretty Saro" - Bob Dylan



6 comentarios:

  1. Me compré la edicion doble cd el otro dia. Me encanta su presentacion y el buen gusto que destila.

    Alucinante las tomas de los temas de New Morning y el general el segundo de los discos. Y gratamente sorprendido por las outtakes de Self Portrait. Nuevos matcies, nuevos aromas para un disco que nunca me gustó. Valió la pena esta compra.

    Por cierto, grandiosa entrada maestro. Para imprimir y guardar.

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    1. Mansion, el maestro es en esta ocasión Jaime Desperdicios, que viene del verano con el lápiz y el sacapuntas preparados...

      Abrazo

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  2. Anónimo1:55 p. m.

    Preciosa entrada!

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  3. Anónimo3:55 p. m.

    Brillante James; a ver si de una vez te olvidas de springteen´s y otros adlaterillos...

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  4. Esto es como para dejar el serial y directamente empastar esto en la Land, Jaime eres r&roll y rock and roll es country, es blues y es gospel. Fabulosa reseña.

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  5. Es un disco que nunca me ha gustado aunque siempre lo he escuchado a vuelapluma, parece que merece una o más oportunidades... Me pongo.

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