viernes, 4 de mayo de 2012

El valor de un disco


No es este un texto sobre cómo podemos/debemos valorar la música económicamente. Claro que me interesan los cuartos, pero sería meternos en un fregado de cierta importancia. Mejor esperemos a ser expulsados del euro, y cuando el café sustituya (vía Rokambola nuestra actual medida monetaria, sabremos lo que vale un disco. Ya saldrá algún político a decirnos que estará entre los 15 y los 20 cafés (si es vinilo, claro). (...)


No, aquí tratamos de mirar la música como usuarios de ella a diario. Como adictos, como enfermos. Como necesitados de una dosis diaria que, como todas las drogas, va aumentando en la cantidad requerida a medida que va reduciendo el placer que proporciona. No creo que quien mantiene un blog, fanzine o revista musical, ya sea en papel o digitalmente, pueda ser considerado un usuario medio. Ni el que tiene una humilde banda de barrio, ni el que comienza procesos de ansiedad si lleva diez días sin asistir a un concierto. Somos frikis a nuestra manera, mitómanos empedernidos, que sudamos las semanas anteriores a un esperado lanzamiento o lloramos si una tarde no somos capaces de recitar nuestras mejores 500 canciones grabadas con una telecaster.

Yo también tengo mi jerarquía. Prefiero el vinilo, luego el cd, y luego lo digital. Pero uso las tres maneras de oír música indistintamente. Cada una en su momento, y proporcionando el placer acorde con sus características. En cuanto al uso, no han cambiado muchos las cosas. Antes hacía lo mismo, y la jerarquía era similar, si sustituimos el mp3 por el cassette. Y si obviamos la época en la que la oscuridad de Mordor se apoderó de la comarca y encontrar un vinilo era tarea milagrosa.

Sin embargo la música siempre ha sido un producto de consumo. Y hay quien lo engulle rápido, buscando la mera satisfacción inmediata, y quien lo rumia, lo regurgita, lo saborea e incluso espera a que repita. Hay quien la ve como un mero acompañamiento, y quien jamás osaría evaluar un disco si éste no ha pasado por varias etapas. Una de ellas, la más importante, su escucha atenta, gozándolo o sufriéndolo, según el caso. Todavía me asombro cuando alguien se asombra si le dices que estás escuchando un disco. Nada más. Sin tener un libro o periódico entre las manos, sin estar conectado a ninguna red social, sin tener la tele puesta de fondo (arreglado pero informal, vamos). Nada más. Escuchar un disco. Claro que luego ese disco nos acompaña en otras tareas, pero ansiamos que vuelva el momento de intimidad, de poder desnudarlo de nuevo y estar a solas con él.

La era digital facilita que quien come hamburguesas musicales, se atiborre aún más de ellas. Pero también facilita que quien busca otros sabores, pueda al menos hacer eso, buscar. Para aplicar después la guadaña o entregar su corazón y ser feliz, onanista y contemplativo. Aún recuerdo los sudores cuando con 16 años compraba una revista de música y sabía que no iba a poder acceder a escuchar ni el 80 % de su contenido. Sin un duro en el bolsillo y sin hermanos ni primos mayores que pudieran dejarte husmear en su colección, tu sueño era encontrar un tipo que trabajara en una tienda de discos y que, compasivo con tu acné y urgencia, decidiera convertirse en guía y te grabara selecciones adecuadas a cada momento.

Hoy en día, con internet, eso es fácil. El que lo uses como producto de usar y tirar o como guía de selección, depende del valor que le des a la música. Y no digo que uno sea mejor que otro. Yo me quedo con el mío.
Soy tipo de LP completo (a pesar de que el selector de la cabecera de este blog esté en 45 rpm). Soy tipo de 33 1/3. Años? Qué más quisiera.

Suena la corriente: "Rock & Roll Music" - Canned Heat

8 comentarios:

  1. Anónimo1:43 p. m.

    Ummm interesante reflexión. Me causa rechazo , despues de la propia incredulidad sobre la certeza de tal afirmación, la actitud de aquellos que dicen utilizar exclusivamente el formato superior y no tocar ni en pintura el resto. Aunque se llamen Neil Young. Tambien lo digital tiene calidades, prueba a pagar por ello y lo comprobaras. Por no decir que los lanzamientos de los tropecientos últimos años estan grabados y masterizados para sonar en la denostada rodaja plateada. Triste pero cierto. Y vaya si se nota cuando uno con ilusión adquiere la version en vinilo del ultimo disco editado ahora de nuestro nuevo musico favorito....

    A veces uno va andando por la ciudad o incluso el campo (!!!) y la unica manera de ir acompañado es el formato digital. A veces uno va en coche recorriendo largas distancias y nuestro vehiculo solo admite las rodajas. Y por suerte está nuestra casa y nuestro viejo plato y colecciones maravillosas de vinilos para degustar, dar la vuelta a la cara , oir el crujido de la aguja abrirse paso a través de los surcos y soñar.

    Cada formato tiene su momento y su lugar. Y si la música es buena lo vas a disfrutar. Estoy de acuerdo no seamos intransigentes con el formato...y disfrutemos carajo.

    Jaime.

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    1. Ahora que hay gente que reivindica de nuevo el formato cassette, se antoja más ilógico rechazar de plano el digital. Sinceramente, tengo un amor nostálgico por la cassette, pero la calidad del cacharrito digital que llevo cuando voy por la calle es mucho mayor que cuando hace años lo hacía con el walk-man.
      Cada formato tiene su momento y su utilidad.

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  2. Anónimo7:18 p. m.

    Si he oido que los Hustlers solo van a editar en ese formato su próximo lanzamiento.

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  3. Cassette, supongo, no?
    Yo ya estoy quitando el polvo a mi walk-man y desembalando la doble pletina.
    Utchsssss....

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  4. Extraordinaria y maduramente apasionada reflexión. Apuesto que sabes escuchar música como se merece esa afición. Saludos.

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    1. Johnny, como digo, seguro que no somos usuarios medios. Pero sí enfermos. Y bendita enfermedad...

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  5. Yo estoy hecho un lio querido Red River. Ultimamente me ha ha dado por volver al vinilo pero , seamos realistas, los vinilos que compraba mi quinta en los ochenta, incluso finales de los setenta ( viejo que es uno) los pongo ahora en los platos, incluso en la pinchada del Antzoki del día del Fakeband Waltz y me suenan fatal . Nos estafaban con aquellas ediciones de vinilos casi transparentes que no tienen la suficiente calidad. Respecto a las reediciones o ediciones gordotas de ahora son deliciosas , si por mi cartera fuera compraría sólo esas ediciones y luego fusilaría el formato digital menos comprimido que pueda admitir mi ipod/phone. Me encanta que los graves me acaricien, me gusta el sonido gordo , como prefiero a Levon a cualquier otro batería o a la Hi frente al nuevo soul actual...
    No sé , ejemplos, el de M Ward nuevo lo he comprado en vinilo porque regalaban el cd, el de Rufus Wainwright lo he comprado en cd pero veio el vinilo doble y me da morbazo que no veas. El Mockingbird tIme lo compraría hasta en cassete, jajaja.Ya lo tengo también en vinilo , qué cosa bonita! Luego hay música que pega más en vinilo...
    Al final para ser Neil Young y defender el vinilo y lo analógico tienes que tener como él un rancho, espacio, donde no molestes a los vecinos y le puedas dar a base de bien al power. No es el caso. No sé , es muy dificil pero lo que está claro es que somos unos enfermos. Ya he visto el vinilo de loa Alabama Shakes y estoy tonto por pillarlo...Bendita esta nuestra enfermedad.

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    1. Es que ahora las discográficas parecen haber olfateado el filón de la vuelta del vinilo. Cierto que es del gordo, del bueno, pero tiene unos precios...
      Dinero y espacio, querido Joserra.
      Y no tenemos rancho como el bueno de Young.
      Hombre, a malas, yo tengo ahora algo más de espacio. Aquella jodida inundación que arrasó con mi colección de vinilos y cd's se empeñó en dejarme sitio. Mucho sitio.

      Y un hueco en el alma difícilmente rellenable!

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