miércoles, 17 de octubre de 2012

Nebraska, 30 años después
El viaje más oscuro de Bruce Springsteen


*Escrito originalmente para Gpsdemadera

No podía ser de otra manera. Llevamos unos años celebrando el 30 aniversario de cada disco que Springsteen grabara entre mediados de los años 70 y el primer bienio de los 80. El tiempo ha ido pasando para ellos de la misma manera, y no olvidemos que suponen el cuerpo musculoso del mito que se fundó principalmente en los surcos de Born to run, Darkness on the edge of town, The River y Nebraska. (...)

Antes hubo dos joyas, las dos primeras, que los apasionados por Springsteen consideramos más fundacionales si cabe, y posteriormente llegaría su encumbramiento como líder de masas, más allá de que éstas tuvieran al rock como canalización de sus emociones, con Born in the USA.

Pero son esos cuatro discos nombrados, grabados en un periodo de 7 años, los que sirvieron como un despertar al rock’n’roll, a la emoción, al sentimiento y a la vida para quien esto escribe. Cada uno con su mitología propia, y, como en Springsteen solía ser habitual, cada uno con su personalidad definida.

Es en este 2012 cuando Nebraska cumple 30 años. Y es este año cuando uno no puede olvidar las sensaciones que experimentó escuchando por primera vez el que posiblemente sea el disco más desesperanzado, más austero, más íntimamente doloroso de cuantos haya grabado el de New Jersey.

Ya algo había apuntado en una de las dos almas de The River, donde convivían en perfecta armonía la alegría y espíritu lúdico del joven americano con la sombría duda hacia el futuro que le embargaba de noche. Pero en Nebraska, el ambiente era simplemente desolador. No había sueño americano, no había raciocinio en los actos, no había perdón, no había posibilidad de redimir hechos pasados, y, cuando cerrando el disco, uno encontraba una canción de título Reason to believe, y pensaba que albergaría algo de luz tras la puerta, se encontraba con la mayor y más certera de las ironías de Sprinsgteen, a quien le resulta jocoso que alguien, tras una jornada de trabajo, encuentre aún alguna razón para vivir.

La desolación de Nebraska se anticipa ya desde la portada, con esa fotografía granulada en blanco y negro de un paraje inhóspito visto desde el interior de un coche, con lo que parece ser nieve acumulada en el limpiaparabrisas para dar sensación si cabe más gélida. Y esa desolación fotográfica se traslada a 10 canciones grabadas con guitarra, armónica y voz, en una simple grabadora de cuatro pistas entre las paredes de un salón. Nacieron como demos que trasladar a la E Street Band para el próximo trabajo, que a la postre sería Born in the USA (la propia canción nació durante esas mismas sesiones y con la escasez de ropaje compartida con sus hermanas), pero no encontraron acomodo. En su desnudez estaba la esencia de las historias contadas y cantadas, y era esa desnudez la que preservaba su espíritu. Por ello, siempre habrá que agradecer a Springsteen, su círculo cercano o el estado de ánimo que le embargara en aquella época por lanzarse desde el trampolín que suponía sacar el disco tal y como estaba.

Pero es que esas historias lo necesitaban. La pareja de novios que siembra la muerte sin sentido durante una loca escapada, contada desde el punto de vista de quien va a ser ejecutado, en la preciosa Nebraska; o el Johnny agobiado por deudas que ningún hombre honesto puede pagar, una hipoteca que le llevará a delinquir y ser condenado a 99 años, en ese rock-blues áspero de nombre Johnny 99; o el hermano bueno, policía, que se debate entre el deber de la ley o el lazo de sangre que le une a su tarambana hermano, en ese folk casi sin acompañamiento y pleno de alma que es Highway patrolman, o la maravilla de Atlantic City y la violencia urbana de una ciudad en decadencia.

Todas las historias incluidas en Nebraska beben de la ausencia absoluta de futuro, masacradas por una crisis económica brutal, que cierra puertas y desapuntala almas  inestablemente mantenidas hasta entonces. ¿No nos suena a algo?
Pero Springsteen es capaz de mezclarlas con miradas de niños, de adolescentes, conscientes de la miseria que comienza a rodearles, para conseguir cotas de nostalgia dolorosas.

En efecto, Nebraska no es disco luminoso, de día, de baile y risas. Nebraska es oscuridad, es noche, es reflexión, es alcohol por la sangre. El más Woody Guthrie, el más Hank Williams, el más John Steinbeck de todos sus discos.

Y sin embargo, Nebraska, musicalmente, líricamente, es una absoluta flecha gozosa en cualquier corazón sensible.
Porque Nebraska, por encima de todo, es pura verdad.

Suena la corriente: "Nebraska" - Bruce Springsteen



8 comentarios:

  1. Uno de mis discos preferidos, de Bruce, y de mi vida. grandísimo. Muy buena reseña de aniversario. Saludos

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  2. Maravilloso el Río, como siempre hermano! Y Nebraska, puta obra maestra, imposible no regodearse en evitar las iniciales.

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    1. Como bien dices, esta sí es una POM. Sabes que me encantan esas tres letras.

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  3. El mas Steinbeck de todos sus discos... que bueno tío, y si, claro que es una POM como una casa de grande, una casa en blanco y negro.
    Buen recuerdo...
    Saludos.

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    1. Ouro blanco y negro, como mis sueños!!!

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  4. Siempre se me atragantó algo el Boss. Sin embargo este disco he aprendido a apreciarlo in crescendo mucho, mucho, mucho, a través de los tiempos. Saludos.

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    1. Sabes que para mí es algo más que alimento. Y sí, este disco crece.

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