sábado, 4 de noviembre de 2006

Lindo perrito

Que me parece bien que se implementen leyes que endurezcan el castigo por maltrato de animales, especialmente los perros. Me gustan los animales. Son más racionales que nosotros. Aunque muchas veces tiendo a no apreciar en su justa medida aquéllos que no se comen.

Ahora bien, hay perros y perros. (...)


Facturo mis maletas en Bogotá con ganas de llegar a casa. Mato el tiempo de espera en el aeropuerto con música y sala de fumadores. Ya en la sala de embarque, nueva cola y nueva inspección de seguridad. Nuestra sociedad de la sin seguridad.
Me llaman por un nombre mal pronunciado, que intuyo el mío.
Síganos, por favor.
Vaya, logro avanzar raudo por la cola, e incluso me salto el control de equipaje de mano. Me llevan directamente al finger que nos vomita en el avión. Bueno, más bien a un pasillo al lado.
Revisión de su equipaje (sí, el que había facturado tres horas antes).
Dos policías me rodean y me acuerdo de la galleguita.
Jodida vida la del policía. Empieza a coger una por una las prendas mal guardadas en la maleta. Las toca, se las acerca a la nariz, y las huele.
Le aviso que llevo una semana de viaje y que no hay nada (y cuando digo nada, quiero decir nada) lavado. Vamos, que quiero avisarle que se va a esnifar algo más que toxinas de fumador, comedor y bebedor. Algún que otro fluido corporal.
Nada. Una por una, toda la ropa sobre la sucia moqueta del pasillo.
Vaciada la maleta, empieza a sacudirla en el aire. Qué, jugando a los pañuelitos?
Pienso que las pastillas (para el dolor de cabeza, el ardor, la alergia) que ha probado empiezan a surtir efecto.
Me mira y suelta un lacónico lo siento. Y saca un punzón.
Como? Pero qué? Esto es un registro aleatorio entre el pasaje o algo más?
Lo siento, ha sido el perro.
Y clava el punzón. Lo gira, lo mantiene un rato, lo saca y lo huele.
Y otra vez. Y otra. Y otra.
Mi linda maleta, compañera de tantos viajes. Quince agujeros he contado. Ja, seguridad. Como si le hubieran disparado un cartucho de perdigones.
Continua mirándome incrédulo. Coge el comunicador y avisa sobre el registro negativo.
Pero eso no es posible, el perro se ha vuelto loco con esa maleta!
Pues venga usted. Y va, y viene el superior.
Otros registro. Ya, pero la ropa ahora no está en la maleta. Casi como que la pueden esnifar de nuevo mientras la guardo.
Me miran y me dicen que voy a poder embarcar. Yo y mi punzoneada maleta.
Oiga, y al perro qué hostias le pasaba?
Bueno, supongo que como usted es fumador…
Acabáramos. Va a ser un apéndice de la dichosa ley.
Jodío perro de los cojones.

Pues eso. Que hay perros y perros.

Y ya puestos, y ya en casa, ayer me ceno a los Diamond Dogs. Perros a mí!. Y esta vez no me dicen mucho. Les noto viejos. Sulo está viejo. Y eso que cada día se parece más a Rod Stewart. Al Rod Stewart canalla si hubiera seguido en la senda del rock, dejando de acostarse con modelos de pasarela, sobando a Eltonto De John o babeando con la basura monárquica inglesa. Basura por monárquica, no por inglesa, claro.

Pues eso.
¿Me gustan los perros?
No sé.
Hoy sólo tengo espíritu pop.
No me pido nada más.


Suena la corriente: "Where are all the nice girls?" - Any Trouble

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