miércoles, 18 de marzo de 2015

Joan Baez
Palacio Euskalduna, Bilbao (17/03/2015)
El chorro fracturado


Lo que uno querría estar escribiendo es sobre la emoción de abrir un concierto con una canción como God is God, ese regalo imperecedero que le hizo a Joan Baez el gran Steve Earle, esos versos sobre creencias y fe, ese siempre impactante And I believe in God but God ain’t us. (...)



Uno querría escribir sobre esta vieja dama enfrentada a su pasado, presente y futuro armada con su guitarra acústica, esa máquina de matar fascistas que transmitiera Woody Guthrie a los suyos. Pero a pesar de la emoción del God is God, habrá que comenzar escribiendo de un parlamento que antecedió al concierto.

Una Joan Baez que leyó en perfecto castellano que al final había decidido ofrecer un concierto que suponemos había estado prácticamente suspendido a lo largo de las horas previas. Mientras lo leía, no hacía falta que siguiera. Éramos conscientes de una voz quebrada, rota, abandonando a una intérprete que la tiene como arma contigua a su guitarra, una afonía para la que se disculpaba y frente a la que llamaba a la solidaridad, esa que tanto ha repartido ella y que ahora solicitaba. Ante la perspectiva de algo tan en principio imposible como la presencia de Joan Baez sin la voz de Joan Baez, estaban quienes comentaron que eso nunca debería haber seguido adelante y quienes se agarraron al plus de emoción que pudiera suponer el sentir el propio sufrimiento de una voz incapaz de alcanzar el chorro que la hizo famosa.

Por nuestra parte, tratamos de asirnos a esta segunda opción, si bien tampoco fuimos pasto de la emoción apenas contenida. Salvo en un momento puntual que llegó en la primera parte del concierto, cuando la voz aún luchaba por lucir sus restos, cuando apenas cinco o seis canciones fueron capaces de resumir un esfuerzo y un resultado, una tradición trastabillada pero firme. Comenzó con el lamento sufrido de La llorona, creció con el canto proletario de Joe Hill, hizo parada de emoción local con el Txoria Txori de Mikel Laboa que ya interpretara en Bilbao en el 88 y en la que fue acunada con el casi susurro de los presentes, respiró el descanso que supuso el Just the way you are compuesta por el guitarrista, pianista y multi-instrumentista que le flanquea, Dirk Powell, y en la que se acompaña por la voz de su asistente, Grace Stumberg, más necesaria ayer que nunca, hasta llegar a la cumbre que supuso Diamonds & Rust. Esos diamantes y esos óxidos que embellecieron, afearon, engrandecieron y empequeñecieron su relación con Bob Dylan sonaron más quebrados y rotos que nunca, parcos en voz y en guitarra, frágiles y sí, llevados por el tiempo y no solo por el viento. Llegó con tres heridas parecía poner bálsamo y resumen a este lamento.

Antes de estas seis canciones, ya había acariciado la belleza de There but for fortune y la tradición de The Lily of the west, susurrando, huyendo de los ayer imposibles agudos, y se había encontrado con Dylan en It’s all over now, Baby Blue. Y después de esas seis canciones, hizo concesiones hebreas (Donna Donna) y árabes (Jaria Hamuda), paseó de nuevo con Dylan y sus Seven Curses, con la tradición del folk y el blues de Give me cornbread when I’m hungry (que sonó montañera, bailable y con solo de percusión de su hijo Gabriel Harris), con el aire a garito decadente de The house of the rising sun y con rendición de admiración a Johnny Cash en Long Black Veil, para terminar con un Gracias a la vida transmutado en un gracias por las galletas escrito por su nieta de once años. Los simples detalles rutinarios que nos alimentan.

Luego, eh... , bueno, quitando un Preso número nueve sentido, llegaron las concesiones a la galería, en forma del viento de Dylan, de la imaginación de Lennon y de la hace tiempo derrotada No nos moverán. Querida Joan, hace tiempo que no sólo sí nos movieron, sino que nos barrieron, y aquí seguimos, recibiendo su mierda y los pisotones ahora de sus zapatos (a alguno incluso lo vimos entre el público). Que lo cantemos con la voz rota, tal vez sea la mejor metáfora.

Suena la corriente: "God is God" - Joan Baez



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