martes, 6 de noviembre de 2012

Norton Records y The A-Bones
Amor por el rock'n'roll


Nos hacíamos eco ayer en las Píldoras del vídeo que habían colgado en la red la gente de Norton Records a raíz del desastre ocurrido durante la llegada del huracán Sandy a Nueva York. Sus oficinas centrales se habían salvado, no así el almacén que tienen en Brooklyn, donde miles de discos en lustroso vinilo habían sido engullidos por las aguas. Ver a Miriam Linna llorando sobre una pila inmensa de cajas llenas de discos encogía el alma, decíamos. (...)


Y así es. Miriam hablaba de la pesadilla que estaban viviendo, y su marido Billy Miller, con un tono más optimista, pedía ayuda a todo aquel que estuviera dispuesto a echar una mano, secar discos, envolverlos en nuevas carátulas, retirar los más dañados, en definitiva, salvar un pedazo de la historia del rock. A cambio, ofrecía el mejor café del mundo, toneladas de pizzas y el compartir trabajo junto a estrellas del star-system: por ahí podíamos ver a Mick Collins (The Dirtbombs, The Gories) manos a la obra.

Todavía recuerdo cuando en 1991 me hice con el impresionante vinilo debut de The A-Bones, The Life of Riley, primer larga duración de la banda tras el EP Tempo Tantrum (1986) y el mini-lp Free beer for life! (1988). The Life of Riley era una lustrosa colección de canciones sucias, una suerte de garage-rockabilly lleno de emoción, cacofonías, electricidad, descaro y amor por la música. Era como escuchar los propios orígenes del rock’n’roll más salvaje, aquél que de una u otra manera cambió la vida de mucha gente y mucho antes de que en ocasiones se convirtiera en placebo para pseudo-jóvenes. Rock’n’roll que iba directo a las venas, y que, en aquellos tiempos en que servidor vivía en una tecnificada Valencia, le hacían sentirse el ser más fuera de lugar de su entorno. Con Miriam Linna  a la batería y Billy Miller a la angustiosa voz, ayudados por la lacerante guitarra de Bruce Bennett, el bajo de Marcus The Carcass Natale y el saxo de Lars Espensen, los sonidos de la vida de Riley me acompañaron muchos, muchos días. Aún recuerdo una surrealista noche en que actuaron en Valencia The Pleasure Fuckers, la charla mantenida hasta altísimas horas de la madrugada con el gran (literalmente) Kike Turmix, alabando las excelencias de The A-Bones y decidiendo, con un grado alcohólico (al menos por mi parte, que el Turmix era muy comedido) elevado, que eran la mejor banda de rock’n’roll del momento. Cerrando el círculo, aquel vinilo murió en otra inundación, de la que me doy cuenta que empiezo a hablar demasiado a menudo. The A-Bones editaron posteriormente tres discos, I was a teenage Mummy (1992), Music minus five (1993) y Crash the party (1996), para reaparecer en 2009 con Not now! (con Ira Kaplan como miembro casi estable).

Pero si alguien creía que el matrimonio Linna / Miller estaba ocioso, cometía un tremendo error. Linna, que había sido batería de The Cramps y The Zantees, y que posteriormente colaboraría con gente como Moe Tucker, había comenzado a editar junto a Millar en 1978 la revista Kicks, una especie de biblia para el rock más oscuro y pasional. Y en 1986, tras un artículo que glosaba la carrera de Hasil Adkins, viendo la recepción que obtuvo el mismo, se lanzaron a crear Norton Records, con el primitivo fin de reeditar las oscuras grabaciones de Adkins, por entonces descatalogadas. 

Y desde entonces hasta hoy, a ello han dedicado la vida. Una vida centrada en el descubrimiento de ignotas bandas de garage, en la puesta al día de sabrosas carreras llenas de rock primitivo. Nombres? Big Star, Esquerita, Charlie Feathers, Bobby Fuller, Ron Haydock, Doug Sahm, The Sonics, The Flamin' Groovies, Gene Vincent, Andre Williams, Link Wray, Figures of Light,…, la flor y nata del rock más grasiento, es decir, del auténtico motor de toda esta historia. Una de sus últimas joyas la editaron en 2006, recuperando a Mary Weiss, la cantante de las infartantes Shangri-Las, respaldada por The Reigning Sound en el fantástico Dangerous games.

Queda alguna duda de la enfermedad de esta gente, esa misma que alimenta estas aguas?
Si viviéramos en NYC, ya estábamos ayudando. Llorando viendo los discos, y soñando compartiendo nuestro tiempo con Miriam Linna y Billy Miller.

Suena la corriente: "Sham rock" - The A-Bones



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