lunes, 9 de julio de 2012

Beachwood Sparks
The Tarnished Gold (Sub Pop, 2012)
Vapores de la Música Cósmica


Es época ésta, la del verano, apta para música fresca y sincera que invite al baile y a traspasar los muros de distancia que separan los cuerpos. Y también es época apta para música, sincera y fresca, que ayude a la reflexión, sobre una hamaca o una tumbona, sobre un sofá o hierba mullida, reflexión acompañada de sopor o divagación mental, reflexión anclada en una burbuja y que nada tenga que ver con los cuerpos contiguos (si acaso, el de la Ella o el Él de cada uno) y sí con el desvarío sensorial abrumado por el calor, ya sea tiznado de salitre o de suaves ráfagas del aire de la montaña. (...)


Me cuesta hablar de Beachwood Sparks sin referencias a la naturaleza.  No entendidas como una posición conservacionista (que no tengo ni idea sobre las suyas), sino simples referencias a melodías, ambientes, acordes y canciones emparentadas a imágenes de desierto y playa, de bosque y llanura. La cosmogonía de Gram Parsons unida a la lucidez de los Beach Boys. Ya nos hacíamos eco hace unos meses de sus correrías anteriores, cortas, cortísimas, y del anuncio de nuevo trabajo, The Tarnished Gold, del que esperábamos no olvidara el axioma perfecto para componer una gran canción.

Sí, es The Tarnished Gold una obra sensible, un compendio de ritmos y melodías apreciables, con momentos de esa belleza que en tantas ocasiones han sabido aprehender, más escorado al desierto que a la playa, más de bota campera que de bañador, más de hamaca que de pista de baile, igualmente con esos juegos vocales que tanto hemos esperado de nuevo para disfrutar. Sí, es The Tarnished Gold un disco notable, que va a producir emociones, que va a ir asentándose aupado en el largo recorrido, no es tren de corta distancia. Y sí, también es The Tarnished Gold un disco... ¿continuista?. Once años desde su anterior larga duración, Once we were trees, y como si no hubiera pasado el tiempo. Reconoces su country-rock espacial, la ausencia de tiempo a la que te llevan las melodías, y podía perfectamente haber sido editado doce meses después. Es esta línea continua buena o mala? Ni lo sé, ni me importa. Es lo que quería esperar. Dudo que muchos de los que nos bañamos en sus composiciones esperáramos una evolución distinta. Si acaso, que no terminase la magia. Y no termina.

Se escora más a lo largo del disco al country-rock marca de la casa, y abandona de alguna manera los ambientes más tangenciales a la psicodelia o el power-pop, lo que para nada implica el adiós a melodías preciosas y estribillos que fusionan la nostalgia con la felicidad. Cómo si no iba a poder quitarme de la cabeza ese …talking about you, talking about me, talking about lonesome… Un Talk about lonesome absolutamente memorable, acariciado por ese banjo, que ha llegado para quedarse. Porque no quiere salir y no quiero que salga. Y ese ritmo country empapa las voces de Sparks fly again, sí, puro Byrds, y la alegría de la declaración de principios. Los Sparks vuelan de nuevo, vaya si lo hacen. Y lo hacen con la steel de Mollusk, una de las canciones más herméticas, o a caballo de esa acústica y ese bajo de The Tarnished Gold, que te transportan de un salto a los años 60. Y mira por dónde, Leave that light on o Nature’s light pasean por los mismos campos que hace unos días describíamos que hacían Lightships. Dios los cría, y ellos se juntan.
Y yo me sigo emocionando con Alone together, porque es eso, armónica en noche clara y sensible, para acto seguido abrazar a los amigos y cantar a coro The orange grass special, otra vez la yerba, otra vez la unión.
E incluso tras varias escuchas, hasta llego a comprender algo de No queremos oro. Me pareció el momento más flojo, pero cada vez le encuentro más el punto a ese corrido mexicano-espacial.

Sinceramente, más de lo mismo? Continuidad?
Ante canciones como estas deberían obviarse palabras como esas.

Suena la corriente: "Talk about lonesome" - Beachwood Sparks



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