miércoles, 16 de agosto de 2006

Útero

No todo ha sido descanso laboral en este periodo de relajo. Apenas quince días, que se han unido a otros quince días cansinos, vagos, de fluir absurdo y holgazán.

Pero aún se encuentran momentos dispersos de felicidad. Que mezclados con el trabajo cuando otros simplemente hacen goma del estío, saben mucho mejor. (...)


Y pasas dos días con gente que quieres, en la montaña, sintiéndote perdido cuando sabes que nunca será así. Porque caminas por la morada de la diosa Mari, la madre tierra, como tiene cada lugar de este mundo, capaz de venerar lo que destruye. Pero Mari favorece y castiga, sus lamias te acompañan mientras no las enfurezcas, paisajes retorcidos, sinuosos, sudor y belleza, leyenda.

Y duermes en Supelegor, útero de la tierra, donde el ojo no se habitúa al silencio ni el oído a la oscuridad. Porque no hay sentidos.

Y me doy cuenta que ahí dentro, no me importa la ausencia de mi música, de mis libros, de mis periódicos, de mi mundo. Los deseo, pero no los extraño.

Ahí dentro no sé si soy algo, pero lo siento.
Aunque hoy sea consciente de nuevo que aquí fuera puede que sea algo, pero no lo siento.


Suena la corriente: "The lyre of Orpheus" - Nick Cave

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