lunes, 10 de diciembre de 2012

Corizonas
Sala Fever, Bilbao (08/12/2012)
Sabor a fiesta, sabor a historia


A ver. Decir que en el último año de gira continuada un grupo ha crecido como banda puede ser hablar del resultado de un trabajo bien hecho. Pero suena a perogrullada cuando de lo que estamos tratando es de unos tipos que tienen el culo pelado de patearse durante muchos años teatros y tugurios, escenarios grandes y pequeños, enfrentarse a incomprensiones y fanatismos irredentos. (...)


Le pese a quien le pese (si es que a alguien le pesa), Corizonas son en este momento un caso único en el panorama del rock’n’roll nacional. Posiblemente, la propuesta más exportable. Indudablemente, la esencia del rock de raíz americana, de desierto y garage, pasado por el espíritu del guateque ye-ye español. Beben de todas las épocas doradas y no por un compromiso coyuntural, sino porque el rock en todas sus facetas es la sustancia gris que corre por su médula. Y su onda expansiva les hace traspasar la frontera de su público originario.

Los rockeritos de pelo en pecho somos gente incongruente. Nos quejamos de apenas llegar a la centena de asistentes en el concierto de Redd Kross en Irún, sin comprender cómo su sabroso chicle no mueve a las masas, pero protestamos si The Black Keys llenan a rebosar todo un pabellón. No aceptamos que lo que nos gusta pueda ser minoritario, pero saltamos como un resorte cuando alguien consigue dar ese salto más allá que tanto necesitan.

Y a pesar de haber traspasado sus propias barreras, o precisamente por ello, Corizonas apenas tienen semejanza con otras bandas de aquí. Por imagen, por pericia instrumental, por simpatía y proximidad (somos estrellas del rock con zapatillas de andar por casa), por repertorio, propio y prestado. Repasando al completo su disco The news today te topas con un David Krahe espléndido en The deceiver, con psicodelia experimental, con canciones de la consistencia melódica de I am (what I am) o Run to the river, con la preciosa nana The queen of hearts acariciada por la guitarra de Rubén Marrón y la trompeta de Yevhen Riechkalov hasta la entrada de la voz de Javier Vielba, con las comidillas que éste y Fernando Pardo se traen en escena, con los bailes medidos de Krahe y Javi Vacas, con la contundencia de Loza, siempre con la amenaza de hacerles un Phil Collins…

Y echando mano del bagaje que atesoraron Arizona Baby y Los Coronas en los tiempos de Dos bandas y un destino, por ahí suenan Neil Young (Everybody knows this is nowhere), Black Sabbath (la apisonadora de Supernaut), Seeds y Buffalo Springfield hermanados (ese Pushin' too hard unido sin pausa a Mr. Soul), The Rokes (su delicioso Piange con me), Pink Floyd (su americanizada Wish you where here y su recuerdo para el cerebro exprimido de Syd Barret), Leiber/Stoller (su Poison Ivy castellanizado a Hiedra venenosa, pura esencia Teen Tops), Richard Berry / The Sonics / Hula Baby (Have love will travel pasado por el aro del Házmelo de los pucelanos), Electric Six (ese Danger! High Voltaje uniendo disco-sound con sucia high-energy)

Todos y cada uno de ellos están en nuestro santoral. Corizonas son una fiesta y un repaso musical a la historia de esta jodida enfermedad que es el rock’n’roll.
P.D.: Aunque también cometan errores. Querido Vielba, dedicar una joya del calibre de Everybody knows this is nowhere a estas páginas digitales que atienden por Río Rojo es un error. Dorando la píldora a uno de Bilbao corres el riesgo de ser engullido por una ola de ego que ríete tú del tsunami. Colega, ya no te libras de venirte al Rust Fest Frías 2013!!!
Suena la corriente: "I am (what I am)" - Corizonas



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