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miércoles, 11 de abril de 2012

Más Birras
Cass (la chica más guapa de la ciudad)


Hay canciones que son capaces de jugar contigo. Se te meten tan dentro, que marcan los momentos en que las escuchas, los amigos con los que las compartes, los lugares donde las vives, los recuerdos con los que las asocias. Vienen, van, se quedan, te abandonan, te perdonan, te susurran, te insultan, te aman, pero se quedan para siempre, y más de una vez te encuentras de nuevo con ellas, aparecidas desde cualquier rincón de tu cabeza, y durante unos días no te las quitas de encima, hasta el próximo reencuentro. (...)


Escribir un texto sobre una canción es un acto de egoísmo puro. Porque el compositor, el grupo, el intérprete, es obvio que la quería, al menos en el momento de componerla o grabarla, pero, por pura lógica, no dejaba de ser un peldaño más en su trayectoria. Si tú la tratas como unidad, apartada y arrinconada del resto de la obra a la que pertenecía, desmereces a ese resto. Y aquí en el Río somos de los que amamos los discos como obras completas, de escuchar de un tirón, en su totalidad, alejados de las modas digitales actuales, en las que te descargas una canción (oh, vale, le llamas un tema, para que parezca que tiene vida propia, cómo que un tema, se dice una canción, no hay palabra más bonita para ello, simplemente una canción) y ya te consideras un docto en el autor.

Pero claro que hay canciones que tiene una vida propia, al menos para cada uno. En el verano de 1988 me largué a Sudáfrica, donde estuve cuatro meses currando, viviendo en un albergue, y más o menos, buscándome la vida. Unos días antes del viaje, compré el recién aparecido segundo vinilo de los aragoneses Más Birras, Otra Ronda. Era su segundo disco, tras Al este del Moncayo, y anterior a La última traición y Tierra quemada.

Es injusto y absurdo centrar al grupo de Mauricio Aznar, fallecido en 2000, en una única canción. Tiene muchas y muy buenas, pero Cass (la chica más guapa de la ciudad) pertenece al imaginario de este Río de una manera muy especial. Aquellos meses en una Johannesburgo inhóspita pero cercana sonó, y sonó y sonó en el walkman, mientras el vinilo descansaba en las estanterías del Lateral a buen recaudo (y aquella canción también le marcó). Tiempo después, me hubiera gustado que Mauricio Aznar supiera que Cass fue un hit particular del albergue donde residí, que casi todas las tardes blancos y negros (porque al menos allí, entre aquellas cuatro paredes y pisos, no había apartheid) la escuchábamos mientras yo les traducía la letra, y que cuando regresé, compré tres copias del vinilo que envié por correo postal para los buenos de Jorge, el argentino, Phillip, el alemán y Alimon, el mozambiqueño, tres personajes que me acompañaron en correrías nocturnas y de cuyas vidas sólo sabía que se las buscaban como yo la mía. Eran tiempos sin internet, y nunca supe si les llegó el disco, pero al menos las copias en cassette que dejé espero siguieran girando.

Cass (la chica más guapa de la ciudad) está basada en un cuento de Charles Bukowski del mismo nombre, y transformada en melodía y letra imperecedera por Mauricio Aznar, el poeta y filósofo José Luis Rodríguez y Gabriel Sopeña, uno de los músicos y letristas más impresionantes que ha dado el rock en castellano.
Cabalgando sobre un rock’n’roll clásico a ritmo de swing, transmite automáticamente sensaciones de nostalgia y melancolía, de inocencia juvenil perdida, de ausencia, y, por extraño que parezca, de gozo. Simplemente, por haber conocido a una chica que "sonríe como un sábado" (ningún día de la semana es más parecido a la sonrisa que un sábado), que se "tumba desnuda bajo el sol de las cinco de la tarde" (ningún sol es más agradable que el que a plena tarde anticipa la noche) y que "tararea la última estrofa de Dylan" (ninguna última estrofa de Dylan evita que piense en Mauricio y Cass la primera vez que la escucho).

Sepa perdonarme Mauricio Aznar allá donde esté el escribir 700 palabras sobre una sola canción de Más Birras.
Pero es que estos días ha vuelto de visita, y no puedo dejar de aferrarme a mi propia Cass, sí, la chica más guapa de la ciudad.

Suena la corriente: "Cass (la chica más guapa de la ciudad)" - Más Birras

9 comentarios:

  1. Caramba , no tenia ni idea de la muerte de Mauricio , lástima ; sólo tengo el maxi ( así los llamábamos ) Al Este del Moncayo , ebrio de orgulloso y brioso rock´n´roll casi paisano ; los ví en directo en Zaragoza y disfruté un montón , de eso se trata esto ¿no?
    Estupenda y necesaria entrada , aunque agridulce .
    ! Saludos !

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    1. Sí, se fue en el 2000, por los mismos motivos que tanta gente en el rock.
      Pero sus canciones siguen vivas.
      Eso sí, yo era de los que decíamos mini-lp.
      Ah, aquéllas épocas de solo vinilos!
      Un abrazo.

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  2. Anónimo1:00 a. m.

    Y sin embargo... Mauricio no la firmaba como suya...

    Cass sigue paseando por mi ciudad. La veo casi todos los días. Y me han dicho que por la tuya también.

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    1. La canción es realmente de Gabriel Sopeña y Jose Luis Rodriguez, basada en Bukowski. Pero se la tengo que atribuir en parte a Mauricio Aznar, por la manera de cantarla y sentirla. Sí, definitivamente, también es suya.

      Y en efecto, nuestras Cass están muy cerca.

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  3. Comparto el cariño y la estima por esta canción. La descubrí en el concierto que hicieron más birras en KGB barcelonés para presentar su Otra Ronda en nuestra ciudad y, desde entonces, nos ha acompañado a María José y a mí en casa, en nuestros viajes y en un montón de buenos momentos con amigos.

    Nuestra perra se llama Cass.

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    1. Hombre, cuando en tu blog leo sobre Graceland y Cass, intuyo el origen del primero, pero desconocía el del segundo!
      Me alegra que pases por aquí. Uno de los viejos amigos!
      Un abrazo.

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  5. Es curioso la marca que a muchos de nuestra época nos causó esta canción

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