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viernes, 30 de abril de 2004

Varicela

Recibo correo de un amigo (de esos que incluyes cuando los cuentas con los dedos de una sola mano). Comentarios, chascarrillos, novedades. Y noticia sobre el confinamiento en casa ajena del pequeño retoño, que aquejado de varicela, amenaza con aprovechar la falta de anticuerpos de su padre para oscuras interrelaciones víricas (y a nuestra edad, la idea de ir por ahí con varicela me produce rubor).

Presentación del nuevo libro de Sabino Méndez, "Limusinas y estrellas. Medio siglo de rock, 1954-2004", (Espasa). Me pregunto si con ese título es realmente necesaria una presentación que tenga algún interés más que el meramente comercial. Creo que queda claro el contenido del mismo. Variante más, variante menos, dudo que se dedique a analizar, pongamos por caso, las consecuencias psicológicas de la ausencia de sexo no de pago en los miembros masculinos de perdidas sociedades matriarcales.

Es bueno leer rock. Pero es difícil encontrar rock escrito con una calidad aceptable. El público rock son borregos atolondrados, gritan aún numerosos subconscientes. Además, el crítico rock con ínfulas de novelista que resulta incapaz de hilvanar una historia atractiva, bien puede escribir sobre tal o cual artista de su preferencia.

Sabino Méndez componía y tocaba la guitarra en la primera etapa de Los Trogloditas de Loquillo (invierto el orden porque me apetece). Fue la etapa más estimulante de un grupo implacablemente aplastado por el insaciable ego de su líder (a quien también aprecio, y no lo digo para calmar su conocida mala leche si leyera esto, cosa que dudo).

Sabino Méndez se perdió en mil malas calles. Reapareció hace años como escritor. "Corre, rocker" (Espasa) le sirvió para ajustar ciertas cuentas con su pasado y sus personajes, y me sirvió para pasar un buen rato con una escritura rock más que decente.

Presentación, como digo, de la tinta fresca recién lanzada, a la que habrá que dar una oportunidad. Y el autor, aún convaleciente de una varicela contagiada por su hijo menor (a su edad, qué cosas).

Mi amigo no es Sabino Méndez. Al menos eso he creído siempre. Pero estas coincidencias en el plazo de pocas horas me mosquean.

Por favor, dejad que los niños se aparten de mí (al menos por un tiempo).



Suena la corriente: "I'm a rocker" - Stray Cats

jueves, 29 de abril de 2004

Hay que joderse

Dicen que la edad real de una persona viene reflejada más en su espíritu que en su documento. Hay jóvenes que son viejos muy viejos, y viejos jóvenes muy jóvenes. Y no seré yo quien contradiga esta hipótesis (por la cuenta que me trae). La próxima década cada vez está más cerca, y aunque todavía me queda un tiempo precioso, a veces pienso que tengo ya la crisis propia por adelantado.

Pero que en un mundo tan asquerosamente consumista y comercial como el que vivimos la edad externa es la que fija demasiados parámetros de actuación es algo indudable. Y en el de la mal llamada música actual (mezcla de bazofia y marketing cuyo único fin no es la creación artística, sino la venta), esa edad externa se convierte en tótem a idolatrar.

Leo esta curiosa, y demostrativa historia. The Alarm tuvieron su efímero, pero corto, momento de gloria durante los 80. A la estela de U2, practicaban un fornido rock de corte épico, y consiguieron que al menos su primera rodaja contuviera algunos minutos que por momentos sonaban a clásicos (fueron clásicos efímeros, si cabe esta expresión).

Cansado de que las emisoras musicales británicas no le hicieran puñetero caso, Mike Peters decidió sacar su nuevo trabajo bajo un nombre distinto, The Poppyfields. Y para la grabación del vídeo, contrató a un grupo de jovenzuelos, The Wayriders, que cumplían a la perfección los parámetros estéticos y de edad exigidos por la comercialidad actual.

Oh, sorpresa, el tema que en manos de The Alarm no había sido digno ni siquiera de ser escuchado por los popes de la modernidad, subió como la espuma en las listas de éxito. Al menos hasta que el propio autor descubrió el montaje y saboreó el dulce gusto de la venganza.

¡Qué desfachatez la de este tipejo!, gritarán nuestros popes particulares. Aquí, en este santo país, donde los chicos de OT (esos pequeños cabritos) representan a nuestra juventud más pujante, no pasa esto. Nuestra cultura musical está sumamente asentada, comentará esa gentuza que concibió OT (esos grandes cabrones).

Y el 95 % de las emisoras de radio asentirá. Y el 100 % de las cadenas de televisión asentirá. Y la gran mayoría de los trileros de las discográficas asentirá. Y el atontao de Teddy Bautista asentirá. Y todos se abrazarán unos a otros, y se harán pajas mentales, y se bañarán en sus propios jugos vaginales, que mezclados con su esperma, caerán en cascada sobre los oídos de la atontada juventud, para que beban, beban, de las mismísimas entrañas de los popes musicales del país.

Como decía ayer, hay que joderse.



Suena la corriente: - "Declaration" - The Alarm

miércoles, 28 de abril de 2004

Días

Hay días en que uno amanece gris. Si además de eso, el día decide ser de tu mismo color, gris oscuro, entonces dan ganas de apagar e irse.

Hay días en que los primeros pasos empiezan a darse torcidos. Si además de eso, el camino se empina, tu esfuerzo es baldío.

Hay días en que tu esfuerzo no parece tener consecuencias favorables. Si además de eso, las consecuencias son negativas, piensas que para qué sirve seguir.

Hay días en que el papel en blanco da miedo. Si además de eso tienes poco tiempo para superarlo, casi mejor arrugarlo y tirarlo.

Hay días en que gente a la que quieres la sientes muy lejos. Si además de eso, a él se le ocurre llamarte y decirte que te extraña, le dueles más.

Hay días en que te da pudor escribir lo que sientes. Si además de eso, no sabes cómo hacerlo, te preguntas si el río sigue siendo rojo.

Hay días que deberían no haber sido.
Si además de eso, cambias todos los "hay días" por "hay semanas", y todo tiene sentido,...

..., entonces, hay que joderse!



Suena la corriente: "Virginia creeper" - Grant Lee Phillips

domingo, 25 de abril de 2004

Ganja!

Los discos de duetos siempre me han parecido una traslación conservadora del matrimonio tradicional a la música. No se, se podrían organizar tercetos, cuartetos, o ya puestos, ochotes, en los que dar rienda suelta al ego de varias personalidades. Vamos, amor en grupo.

Pero sabemos que estos discos tienen como finalidad tratar de poner de moda una vez más, o al menos ayudar a sacarse unos buenos cuartos, a artistas que andan un poco lejos de sus mejores momentos.

Esta soleada mañanita de domingo, aún con legañas en los ojos y ferdeles en la boca, estoy disfrutando de uno de esos discos, que en este caso sirve de homenaje y recopilatorio de una gran y extensa carrera. Toots & The Maytals igual no han tenido el mismo fervor del público que otros, pero son grandes entre los grandes en el río del reggae y el ska. Su vida sigue los parámetros de muchas otras procedentes de Kingston (subidas, bajadas, ganja, cárcel, ritmo), pero su esencia es altamente saboreable.

En este repaso por algunas de sus mejores rodajas, comparten estudio con luminarias particulares de la enjundia de Eric Clapton, Ryan Adams, Ben Harper, Willie Nelson, Keith Richards...

Uno, al que le encantan los topicazos más gruesos, ya puede imaginarse con su bañador, bajo un sol de justicia, y una trompeta de yerbita jamaicana entre los dedos. Claro, que en cuanto empieza el "Monkey Man", las piernas se me escapan y la cabeza vuela a su ritmo.
Ah, aquellas noches con 18 años, garito madrileño, pastillitas prohibidas en los bolsillos, sudor, botes, escarceos sexuales...
Yeah, ska, man, let’s do the Monkey Man!

Joder, qué joven era!



Suena la corriente: "True Love" - Toots & The Maytals

viernes, 23 de abril de 2004

jueves, 22 de abril de 2004

Placer culpable

Escucho música. Disfruto música. Bailo música. Pienso música. Lloro música. Quiero música. Y, por supuesto, leo música.

Porque al igual que tengo mis ídolos hacedores de sentimientos, también los tengo "escribidores" (y la música es sentimiento).

Siempre he adorado al grande, al profesor, a Diego A. Manrique. Su saber es enciclopédico (hace años hablaba de que tenía algo así como 30.000 discos, lo que le parecía una auténtica barbaridad, y un gustazo, digo yo), sus gustos amplios (apabullantes), pero, y tratándose de lectura es fundamental, su calidad como escriba raya lo sublime. Es capaz de juntar letras y dar en la diana de lo que uno piensa (de lo que yo pienso). Y todo ello embadurnado de una imprescindible ironía, figura retórica sin la que esto que dicen vida sería más amarga de lo que es.

Hoy (El País, 21/04/04, de pago) comenta el disco que esta semana pone a la venta su periódico, el "Discovery" (1979) de la Electric Light Orquestra, y suelta esto: "La ELO es monumental e irresistible, como un banana split y esos postres que se saltan todas las reglas dietéticas pero que proporcionan un enorme placer culpable a los que caen en la tentación".

Ya avisé de mi panolismo musical cuando a edad temprana empecé a gastar mis pocos cuartos en discos. No tenía hermanos mayores, ni primos carnales mayores, ni primos segundos mayores. Soy el viejales de toda una generación familiar, ya sea materna o paterna. Compré bastante morrallita hasta que empecé a descubrir lo que me estaba perdiendo (no, no tardé mucho tiempo, y desde entonces mantengo tan destructiva adicción).

Pues si navegando en este río ya comenté cual fue mi primer disco, reconozco aquí y ahora que el de la ELO fue el segundo. Esos falsetes arropados por arreglos orquestales típicos del rock más sinfónico y estribillos pop para una rodaja de música "disco" me encantaron. Claro que años después (aquí me remito a ese "placer culpable" del que hablaba Diego Apunto), se lo regalé a una prima que tenía en Barcelona.

Siempre me arrepentí, porque esos recuerdos de la tontería perdida son lo que soy. Me guste o no. Sienta "placer culpable" o no.

Vale, me lo compro de nuevo, y le pediré al quiosquero que me lo envuelva junto a cuarto y mitad de ironía.



Suena la corriente: "Higher & Higher" - Jimmy Cliff

miércoles, 21 de abril de 2004

Gaviero

Un gaviero es la denominación que recibe el hombre de la gavia, aquel que tenía en los barcos la posibilidad de ver más lejos en el horizonte.

Maqroll el Gaviero, el personaje creado por el colombiano Álvaro Mutis es para mí algo más que un simple personaje de novela. Este vagabundo de mil mares, puertos y tabernas representa un espíritu nómada que desde siempre he sentido. Sus siete novelas, reunidas por Alfaguara hace tiempo en un único tomo bajo el nombre de "Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero" son para mí algo más que un simple pasatiempo. Representan un anhelo de algo difícil de expresar.

Maqroll ha navegado ríos en barcazas, mares en viejos cargueros cercanos al desguace, subido montañas, trabajado en minas. Con él he navegado, me he emborrachado, he llorado, he amado.

Mi dependencia respecto del mar es total. Cuando he vivido en lugares sin él, ha llegado un momento en que he tenido que salir corriendo a su encuentro.

Me duelen muchas ausencias, pero con una de las más difíciles de llevar navegué hace años, dos semanas, y la sensación de no ver tierra durante días fue sublime (dios, cómo te extraño, capullo, ¿por qué tan pronto?).

El mar necesita tiempo. El mar casi exige una vida. No me interesan vueltas al mundo a la velocidad del rayo. Ninguna muerte es ideal, pero de poder elegir, sería en el mar.

Soy nómada. Me muevo. O quiero moverme.



Suena la corriente: "Lo más lejos, a tu lado" - Fito & Fitipaldis

martes, 20 de abril de 2004

Igual da

Es una nueva (por olvidada) sensación eso de que un presidente anuncie por sorpresa una decisión y que servidor se sienta satisfecho, tranquilo, no crispado, vamos, contento.

O sea, este inicio de semana es estimulante (lo que para un lunes es cuando menos sorprendente).

Da igual que el cielo esté un poco gris
porque el Cielo Vacío tiene un nuevo color
Da igual que aún queden cinco días para un nuevo receso
porque con Ella cada noche es una aventura
Da igual que la caverna grite sus ansias de sangre
porque están perdidos
Da igual que cada lunes observe atónito cómo la balanza se empeña en marcar un kilo nuevo
porque son novedades disfrutadas
Da igual que cierren todos los bares
porque igual consigo quedarme dentro de alguno
Da igual que no quede una gota de whisky en casa
porque ya lo compraré
Da igual que aún no tenga el nuevo de Prince
porque reconozco que ya no me interesa tanto (aunque le daré un tiento)
Da igual que Dieguito amague con irse
porque sé que en el fondo siempre estará por aquí
Da igual que esté yendo muy poco al cine
porque he leído que Jim Jarmusch tiene algo nuevo
Da igual que los Guiñoles se queden sin Ansar
porque la hora que nos han dado hoy ha sido antológica (igual que esa nueva imagen como un Darth Vader desde el lado oscuro de la fuerza)

Vamos, que hoy no me importa casi nada (aunque me sienta un aparato viejo)



Suena la corriente: "Final straw" - Snow Patrol

jueves, 15 de abril de 2004

Verde tecnológico

Trabajo en un parque tecnológico, uno de esos espacios llenos de edificios modernos, infraestructuras de comunicación avanzadas, mucho césped y montañas rodeándonos. Vamos, un lugar idílico (de exageraciones está construido el mundo). Eso sí, idílico si no fuera porque es el lugar donde trabajo. Pero no me quejo (no debo, no debo).

Trabaja en un caserío, una casa antigua, rodeada de verde, donde mantiene una rolliza huerta y que no dista mucho del lugar donde tiene su prado sembrado. Un lugar idílico, si no fuera porque es donde trabaja.

Trabajamos juntos, porque su caserío está en pleno parque tecnológico. Todos los días monta en su carro, tirado por un burro (que imagino anciano y cansado), y avanza entre coches, antenas parabólicas, redes inalámbricas, emisiones satelitales, portátiles última generación, pda’s y toda clase de gadgets de última generación. Él no los verá, y ellos no le ven.

Pero me muero de gusto (y mucho) cada vez que veo la cara de lelo que pone cualquier visitante al ver al aldeano.
Él, no. Él, a lo suyo. Su trabajo.
Y yo al mío.



Suena la corriente: "Brothers and sisters" - The Allman Brothers Band

miércoles, 14 de abril de 2004

Cómo meter a Schopenhauer en la cama... y en una bitácora

Están juntos en la cama, piel con piel. Se han amado antes de dormir y después de despertar. Con la ansiedad de quienes no quieren dejar escapar ni un minuto, dejar resquicios por donde pueda correr el tiempo.

Chabuca Granda desgrana sus lamentos desde los altavoces. Su voz (y las caricias) les producen escalofríos.

Se da la vuelta, estira la mano, y coge restos del periódico del día anterior. Y se pone a hablar sobre una reseña aparecida en el suplemento literario acerca de la reedición en castellano de una obra de esas que llaman fundamentales para la filosofía de tal o cual siglo. "El mundo como voluntad y representación”, o MVR, según esa moda de usar acrónimos para todo, del alemán Arthur Schopenhauer.

Este tío es un cretino puede ser frase que se le pasara por la cabeza a su compañera, de manera acertada, por cierto.
Este tío es un pedante puede ser frase que se le pase a cualquiera que lea esto, de manera acertada, claro está.

Pero él no se vanagloriaba de sus conocimientos sobre filosofía. El Mundo de Sofía era lo más cercano que había leído en tiempo. Prefería la novela. Simplemente quería hacerse eco de un párrafo con el que se había identificado, porque llevaba mucho tiempo buscando hacerlo:

"Toda vida es sufrimiento. El egoísmo y el afán de afirmación de cada ser vivo, en pugna con los intereses de los demás, convierten el mundo en un infierno. Lo mejor sería no vivir y que la existencia no hubiera sido nunca, ya que tan irremediable es su carácter miserable. Este mundo es el peor de los mundos posibles, y la obra de un demonio. Ahora bien, dado que tenemos que permanecer en él – pues el suicidio es ilícito – deberíamos conocer también cómo podemos contribuir a que disminuya el dolor general y llegar quizá a la renuncia voluntaria a perpetuarlo".

Lo recitó poniendo su mejor cara de loco, lo que quitó hierro al asunto y provocó sonrisas. Carcajadas. Cretino elitista. Pesimista. Embaucador. Das mal rollo. Para nada, mi vida. Es casi una declaración. Léelo bien. Las cosas son como son. Este mundo. Esta muerte. Pero aquí seguimos. Y te quiero por ello. Ayudas a ello. A que sigamos aquí.

Y Chabuca desgranaba sus lamentos limeños.



Suena la corriente: "Selección" - Chabuca Granda

martes, 13 de abril de 2004

Amores perros

La auténtica semana de pasión empieza hoy, cuando el muro de la vuelta a la rutina habitual nos parece inaccesible.

Y debemos refugiarnos como perritos asustados en aquellas cosas que son tan nuestras, tan íntimas, tan personales, que hasta nos cuesta hablar de ellas. Para que ellas ayuden a superar los desasosiegos que produce toda vuelta.

Y busco que me quieran (y quiero) como Laurie Anderson a sus perritos. La hipnótica creadora de aquel anzuelo electrónico que bajo el nombre de "O Superman" sorprendió los oídos de la escena más "artie" del Nueva York del 82 ha declarado que quiere a su "compañero sentimental tanto como a su perro. Siento por los dos la misma forma de amor".

Del nombre del perro nada dice, ni del de su compañero, pero tratándose éste de uno de los niños malos del rock, gusta más esa comparación perruna. Porque si Lou Reed (que saca ahora su nuevo doble en vivo, "Animal serenade", eso sí, sin el tío del kimono de sus últimas actuaciones) es amado por su compañera tanto como al can que acompaña sus días, todavía hay esperanza en el mundo (que tal como nos lo están dejando unos cuantos, mejor empezar a evacuarlo).

Pues eso, que a pesar de que en mis vidas anteriores haya podido ser un niño malo, también quiero ser amado como un perrito.
(Por cierto, Mr. Reed, ¿será la edad?)



Suena la corriente: "NYC Man" - Lou Reed

miércoles, 7 de abril de 2004

Masas

Vamos todos en grupo a la playa, que hace sol.
Vamos todos en grupo a la montaña, que da sombra.
Hablemos todos del tiempo que va a hacer, que nos afecta.
Organicemos nuestros días de asueto, que nos pilla el toro.

Animales de costumbres, animales gregarios, animales necesitados de compañía. Y animales masificados.

Pero nos olvidamos de disfrutar el minuto a minuto, el no hacer nada, las cosas pequeñas. Impresiona cómo en estos días no hacemos otra cosa más que tratar de darnos envidia unos a otros sobre nuestras deslumbrantes ideas para viajes, viajes afrodisíacos que nos harán seguir vivos hasta al menos dentro de tres meses (en que volveremos a estresarnos).

Me quedo. Me quedo con mis catarros. Con mi ciudad. Con mis amigos (los que se quedan). Con mis pequeñas cosas. Con mis miserias (muchas). Con mis luces (pocas).
Me quedo con mi música.
Me quedo con Ella.

O sea, que, bueno, que me quedo, o eso creo.
Hay días en que no estoy para nada.



Suena la corriente: "Sad Vacation" - Johnny Thunders

lunes, 5 de abril de 2004

Dragas

Hay días en que todo es cuesta arriba. El cuerpo parece que ha dicho basta, se niega a funcionar como una máquina engrasada, chirría por todos lados, nada embraga (de embragar, eh, que no va con segundas intenciones).

Tratas de buscarle explicación, entender qué es lo que está pasando. Vale, la semana pasada fue un tute excesivo de trabajo, viajes, reuniones. El viernes por la noche casi levito de gusto al meterme en la cama.

El sábado te crees un hombre nuevo. Tienes visita de alguien muy querido, y Paul Collins a todo volumen ameniza la ducha. Pensar en Ella también reconforta. Fantásticos planes.

Y el lunes lo encaras con otras miras, sabiendo que realmente es un miércoles. Pero algo dice basta. Algo se niega a que las piezas encajen. Coño, que el motor no arranca. Espero que sea momentáneo, porque de seguir así no tengo ni idea de cómo diablos voy a llegar al miércoles (santo o no, que eso es lo de menos).

Al menos me quedan gotitas de humor. Negro, por supuesto. Así que me dedico en la oficina a anunciar mi inminente ataque cardíaco que les va a dejar con las lágrimas a flor de ojos, comprendiendo de una vez lo mayúsculamente imprescindible de mi presencia.

Y claro, luego uno lee cómo tu dragador particular te agradece el que navegues, y más ganas de largarte a celebrarlo te entran. Porque los ríos necesitan que una draga limpie su fondo para que el agua siga fluyendo. Y ese Cielo Vacío muchas veces ha dragado este río rojo, que alguna vez ha parecido arroyo. Por eso se lo agradezco.

En fin, que lo único que quiero es agarrarme a Ella y bailar, bailar, baliar ("soñar con los pies").
Y escuchar guitarras. Que hoy estoy de lo más ochentero, y quiero al Collins, a los Replacements, a los Plimsouls, a los Fleshtones, a los Attractions,…

¿Alguien tiene algo que haga llevadero estos tres días que quedan?



Suena la corriente: "The Beat" - Paul Collins' Beat

viernes, 2 de abril de 2004

Daños colaterales

Sigo lejos. Recordando mis cosas, mis calles, mis neuras, mis lecturas (poco tiempo para libros y bitácoras), y a Ella.

Y en el poco tiempo que puedo dedicar al periódico, leo muchas barbaridades. Todas tocan a muerte. Cuatro civiles masacrados en vida (y después) en una guerra que nunca debió existir. Y sufrimos y nos indignamos.

Y leo que tras hacer una semblanza de todos los fallecidos en Madrid el 11-M, alguien escribe que se sorprendió al descubrir la tremenda importancia particular de cada vida (El País, 31/03/04).

Y yo soy el que se asombra ahora. Una duda nace y crece poco a poco. ¿No nos estaremos indignando porque son de los nuestros, de países "desarrollados" y "ricos"? ¿Cómo alguien puede tener la osadía de llorar sus muertos y llamar a otros inocentes "daños colaterales"?

Por supuesto que cada vida es única. Pienso en Ella, en mi familia, en mis amigos, en vosotros. ¿Por qué la gente que se me escapa a mí me va a doler más que la que se le escapa a un inocente que sufre una guerra que no es la suya?

La mayoría de los gobernantes que nos han tocado no son buenos o malos. Simplemente no son humanos.

¿Daños colaterales? Espero que ellos sí que los sufran.

Y yo sigo pensando en mi gente. Mañana cada vez está más cerca.



Suena la corriente: "Dead man walking" - Bruce Springsteen