
Hablamos de mantener el halo primitivo de una música. De rebuscar en la rabia contenida y expresarla como parte de la canalización de las frustraciones que nos acorralan. Y no, esto no tiene por qué significar brutalidad sónica, violencia física, o amenaza neuronal. La urgencia también puede trascender a partir de una acústica y el susurro de un verso medio entonado. Quien aún no haya captado esta idea no va muy bien encaminado, ciertamente. (...)

