
Esa deliciosa sensación de comenzar la escucha de un disco y quedar varado en la primera canción. No porque se te quiten las ganas de continuar, sino por no querer abandonar el ambiente creado, por regodearte en la dulzura de unas notas que tamborilean entre la gozosa melodía pop a ritmo de country, entre slides y pianos juguetones. El aroma conseguido en Shepherd es de los que impregnan sabor a campo abierto. (...)