
Pocas veces ocurre. Cada concierto necesita un pequeño proceso de adaptación, en el que el oyente entre en comunicación con lo escuchado, con el artista, que abandone los estados con los que ha llegado, que vaya avanzando. Y hay conciertos en los que pasas esa barrera inicial y otros en los que te quedas sin saltarla, no llegas a conectar, e independientemente de la excelencia o no de la actuación del intérprete (aunque curiosamente suele tener mucho que ver), para ti resulta fallido. Pero pocas veces ocurre lo inmediato.(...)