
El ojo avizor que controla las pulsiones más descocadas de este Río no podía dejar escapar esta portada. Evidentemente, Scott H. Biram, para cualquier adepto a las maldades y bondades que la música tradicional americana ofrece, acentuadas si ésta es pasada por la túrmix del punk y el metal, no deja indiferente. Pero más en este caso, esa portada era un caramelo que no íbamos a dejar de saborear. (...)