
Más de una vez nos enfrentamos a discos directos, concretos, apenas media hora para soltar lo que el artista tiene concentrado dentro de él. Y se nos escapan lugares comunes y hablamos de pildorazos, de disparos a bocajarro, y nuestros oídos, o nuestra imaginación, corre las más de las veces tras lo que cree como urgencia punk, como trastabillado power-pop de anfetamínica velocidad. (...)